Versos improvisados para marcar el paso a la vida adulta.
Origen e historia
Coplas que se cantaban cuando se producía la incorporación de los jóvenes de 18 años al desaparecido Servicio Militar, que fue obligatorio hasta el año 2001.
Estas canciones fueron un rito del paso que los jóvenes varones extremeños vivían entre su etapa de joven adolescente a la nueva etapa de adulto. Se solían interpretar en tres momentos festivos: el día del Talleo –reconocimiento médico, donde se les medía la estatura y peso y se comprobaba si alguno tenía problemas físicos o mentales que les impidiera realizar el Servicio Militar–, el día del sorteo –se indicaba el lugar que les había correspondido hacer la mili– y el día que se iban.
La noche antes de que se produjera la talla de los quintos estaba llena de jolgorio por parte de los mozos, que con sus músicas y canciones rompían el silencio nocturno habitual de las localidades. Hecho el reconocimiento médico, los quintos volvían a sus casas para comer en familia y celebrar el acontecimiento de que ya ese joven era un quinto, con lo que todo esto representaba.
Uno o dos días antes de que el joven se marchara a cumplir el Servicio Militar, solía hacerse una fiesta familiar de despedida en la que se encontraban canciones de quintos, generalmente más tristes, propias de un momento de despedida.
En estos cantos son constantes las alusiones a las mujeres centrales en la vida de los jóvenes: madre –a veces también la abuela– y la novia; la despedida del pueblo, el miedo o resignación ante la mili o comentarios sobre vecinos conocidos.
Elementos materiales asociados: indumentaria e instrumentos musicales
Contexto de realización: Se cantaban durante las rondas nocturnas, delante de las casas, en las plazas, acompañadas de vino y comida.
Participantes: los jóvenes de los pueblos que cumplen 18 años
Forma de transmisión: De forma oral





