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Los guarritos

El juego de los guarritos era uno de los más populares en la comarca de los Llanos de Olivenza. En especial, se practicaba mucho tanto en Barcarrota como en Olivenza. En este último es el más popular.

La expresión utilizada para referirse a un hoyo en el terreno de juego es la de “gua”, de ahí a que los juegos en los que éste se haga, la llevan en su nombre. Ejemplo de ello serían “los guarritos” y “chinche y gua”.

  • Organización: entre cinco y siete jugadores
  • Material: pelota de tenis (o alguna del mismo tamaño)
  • Desarrollo: con el orden establecido de los jugadores, estos hacen su gua (hoyo en la tierra) pegado a la pared y han de colocarse aproximadamente a unos tres metros de los mismos. Empieza a tirar la pelota el primer jugador, habiendo dos posibles opciones: meter o no meter la pelota en el “gua”. En el caso de no conseguirlo, le tocaría el turno al siguiente y así sucesivamente.  Sin embargo, si éste logra que caiga dentro de algún “gua”, todos los participantes se alejan excepto el jugador al que pertenece dicho agujero, que tiene que correr hacia la pelota para darle con ella a alguno de sus compañeros. Si lo hace, se le pone una piedrecita al jugador en cuestión. Sin embargo, en caso de no darle, la piedrecita sería para el que tiró la pelota.

El participante que obtiene tres piedras en su “gua”, tiene que tirar la pelota contra la pared y desde donde ésta cae, el resto de participantes tiene que tirarle tres pelotazos antes de continuar el juego.

 

Fuente:

Así es Cheles

El pueblo de Cheles cuenta con una canción que habla sobre él. Ésta fue escrita por un vecino de la localidad llamado Jacinto Gil Sierra y compuesta por su amigo y también músico Alberto Lebrato Ramiro. Este último fue quien tuvo la iniciativa, ya que en la década de los 60, durante su juventud, vivió en Olivenza y acudió en numerosas ocasiones al casino de Cheles para actuar.

Fue el 15 de agosto de 2016 cuando se cantó por primera vez en el campo de fútbol de la localidad pacense durante la fiesta “Vente a la era”, concretamente en el momento de la recreación de las tradicionales tareas agrícolas. Fue interpretada por el coro “La Ilusión”, perteneciente a la asociación de mujeres y cuya dirección estaba a cargo de Juan Miguel Méndez Peña, músico de Alconchel.

Coro «La Ilusión» interpretando la canción «Así es Cheles». Fotografía del Diario HOY de Extremadura.

Desde entonces, todos los vecinos presumen de tener una canción propia.

La letra está compuesta por un estribillo y seis estrofas. La primera de ellas es una declaración de amor hacia el pueblo y en las que le siguen se hace un recorrido por el pueblo describiendo sus rincones más emblemáticos. Por su parte, el estribillo hace alusión a la alegría que se siente al volver a Cheles cuando no vive allí.

Por su parte, la música que Alberto Lebrato compuso para esta canción es un pasodoble, con un compás rítmico para hacer de ella una canción alegre y todo el mundo pueda recordar.

La letra de la canción dice así:

Así es mi Cheles, pueblo querido

tesoro que late en mi corazón.

Junto a la Raya fuego encendido,

orgullo vivo del mismo Sol.

 

Sal de la plaza, calle del Conde

sube a la torre llena de historia

y bajo el arco, en fresca sombra,

contempla el Cristo de nuestra fe.

 

Estribillo:

Cheles, pueblo escondido,

de Extremadura lo más profundo,

llegan los aires de Portugal.

¡Cheles! gritan tus hijos

que por el mundo se han repartido

cuando regresan a tu solar.

 

Desde Cruz Blanca hasta el Pilar

tus calles bullen con la alegría

que ocio y quehaceres de cada día

nos sacan fuera de nuestro hogar.

 

Prados, senaras, bosques de encinas,

Fontana, Cuevas, Matodecampo,

olivos, huertas, vacas y guarros

llenan la olla en las cocinas.

 

Estribillo

 

El río Guadiana marca tu linde,

sus aguas bravas movían molinos,

más el embalse al ensancharlo

cría los peces de tus festines.

 

Y por las noches llenas de estrellas

sosiego, charlas, la fiesta en paz

la Vía Láctea indica el camino

hacia las luces de Monsaraz.

 

Estribillo

Partitura de «Así es Cheles», de Jacinto Gil Sierra y Alberto Lozano.

 

Fuentes:

La tía Lechona

En La Codosera, desde mediados del siglo XX había un personaje conocido por todos, la Tía Lechona.

Mientras se paseaba por el pueblo era común encontrarse varios sapos colgando de las parras, atados por una pata y con un plato colocado debajo, preparado para ir recogiendo la baba que fuese cayendo de éstos.

Diversos eran los rituales que implicaban a sapos. Hay gente del pueblo que recuerda haber visto, pasando el arroyo Abrilongo, un sapo enorme (zapallón) con la piel de medio cuerpo arrancada. Parece ser que las brujas cogían su piel, la metían en una caja y la introducían en el horno. Una vez ya secada, la molían y quedaba como una harina que servía para mezclar con almendras, caramelos o incluso echar un poquito en el agua para, así, acabar contigo.

A los niños, desde bien pequeños, se les enseñaba a hacer la higa con los dedos para protegerse de los hechizos y males de ojo cada vez que pasaban por la puerta de la Tía Lechona.

La higa o figa es un amuleto en forma de puño cerrado, con el dedo pulgar asomando levemente entre el dedo índice y corazón. Se desconoce su origen, pero es un símbolo mágico extendido por gran parte de Europa y el Mediterráneo.

Amuleto de la higa (Imagen sacada del libro Extremadura secreta: Brujas, sabias y hechiceras de Israel J. Espino)

Tradicionalmente, se ha utilizado para repeler los supuestos efectos del mal de ojo transmitido por determinadas personas. Se consideraba que los más propensos a estas miradas aviesas eran los niños y los ancianos.

El mal de ojo ha sido considerado, desde siempre, una herramienta que permite equilibrar conflictos entre sociedades pequeñas o cerradas. Servía para establecer los límites morales y sociales de la comunidad, definiendo como aojadores a todas aquellas personas que se consideraban indeseables: viejas, forasteros, tullidos e, incluso, gitanos.

Aunque este aojamiento puede ser voluntario, aprovechando la envidia de la persona que lo realiza, también se puede dar el caso de que sea involuntario, debido a la fuerza que alguien pueda tener en sus ojos sin ser capaz de controlarla.

Fuentes:

  • J. Espino, Israel (2019). Extremadura secreta; brujas, sabias y hechiceras
  • Uriarte López, Luis María (1994). La Codosera; Cultura de fronteras y fronteras culturales
  • La imagen de la portada es de Kayla Maurais, disponible en Unsplash

El barquero del colmillo

En el pueblo de Cheles se cuenta la leyenda de que, durante años, hubo una figura a la que llamaban “El Barquero del Colmillo”. Según dicen, éste era un vampiro de nacionalidad portuguesa, vestía una capucha holgada de color marrón que impedía ver su rostro y una capa de color negro puesta sobre su espalda.

El nombre con el que lo bautizaron se debe a que siempre iba montado en una barca rectangular de color negro y que, a pesar de que no se le veía el rostro, sí dejaba asomar por debajo de la capucha un descomunal diente que le salía de la boca, de apariencia como el de un jabalí.

El barquero portugués se ocultaba entre los matorrales que existen en medio del cauce del río Guadiana y el recorrido lo hacía de pie con un palo largo que le servía para mover la barca con más fuerza y rapidez, además de servirle de punto de apoyo.

De generación en generación, esta figura ha sido utilizada para amedrantar a los niños, evitando así que se acercasen a la orilla del Guadiana. Esto se debe a que durante muchos años han sido muchas las personas que han aparecido sin vida en el río. Esto se ha podido confirmar gracias a la consulta que el investigador extremeño, Fermín Mayorga, realizó en el libro de defunciones de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción.

La casualidad de que todas las muertes fuesen de la misma forma y durante años sucesivamente, llevó a confirmar que el Barquero del Colmillo era el único responsable de dicho destino ya que le caracterizaba su rapidez para alcanzar a las víctimas, a las que les clavaba su largo colmillo, extrayéndole la sangre para alimentarse con ella, dejándolos desangrados y tirados en el cauce del río Guadiana aparentando ser una muerte accidental a causa de ahogamiento.

Además, según se cuenta en la población, éste tenía predilección por los niños ya que la sangre de los mismos está totalmente limpia, ya que la de los adultos es más probable que esté contaminada de alcohol u otras drogas.

Esta leyenda recobró más fuerza cuando Ramón Pitera González, un adolescente de 14 años y nacido en Cheles, fue hallado flotando en el Guadiana. En el libro de defunciones se deja constancia del registro de su muerte y dice así:

“D. Fernando Rodríguez Madora, Médico titular de esta villa de Cheles y Cristóbal Falcato, sangrador Flebetomítico, dictaminan que la muerte fue producida a consecuencia de asfixia por estrangulamiento ignorándose el día y hora que pudiera tener efecto. Se le dio sepultura eclesiástica al citado cadáver según las preces que obliga el ritual romano. Cheles 22 de junio de 1891. Firmado Joaquín Manzano”.

A día de hoy, se cuenta que por el embalse de Alqueva se ve navegando a este sacasangres en las noches de luna llena, esperando a su próxima víctima.

 

Fuentes:

Aparición mariana de La Codosera

Cerca de La Codosera se encuentra un paraje denominado Chandavila en el que, en 1945, se produjeron unas supuestas apariciones marianas que llamaron la atención a todos los vecinos de la zona. Las testigos de estas apariciones fueron, Marcelina, Dolores y Afra.

Marcelina

El 27 de mayo de 1945 a las tres de la tarde, Marcelina Barroso, de nueve años, iba con su prima Agustina González, de la misma edad, desde La Codosera hasta el caserío El Marco para cumplir un encargo de la madre de Marcelina. El encargo era conseguir un poco de café y tabaco, algo característico del contrabando de la época.

El camino que tomaron para ello era considerado un camino peligroso, ya que no era el camino que hay actualmente, sino que era uno situado más a la izquierda. Se le consideraba peligroso no solo por ser el camino del contrabando, sino también porque pasaba cerca de la conocida “Casa del miedo”.

En la foto se puede ver a Dolores, sujetando una vara, seguida de Marcelina a la derecha y Afra a su lado (Imagen sacada del libro La Codosera, un pueblo con raíces y costumbres rayanas de José Luis Olmo Berrocal)

Mientras realizaban el encargo, sobre las 10-11 a.m., habían recorrido poco más de tres kilómetros cuando, al pasar por lo que se conoce como Chandavila, Marcelina se fijó en un oscuro y extraño bulto que se veía sobre un castaño. Centrada en cumplir con el encargo de su madre, no le hizo mucho casó y, como tenía que volver a pasar por ahí a la vuelta, ya miraría mejor luego.

Volviendo ya del encargo y pasando de nuevo por Chandavila, Marcelina tenía curiosidad y volvió a mirar sobre el castaño para ver si aquel bulto seguía allí, solo ella lo vio, su acompañante no. Cuenta la tradición que esa fue la primera aparición de la Virgen.

A llegar a casa, Marcelina se lo contó a su madre, quien le dijo que no lo se contara a nadie. Sin poderse aguantar, se lo contó a su abuela, quien habló con su madre para intentar que la niña pudiera hablar de ello con más gente, sin mucha suerte. Marcelina, junto a su abuela, fueron a ver al vecino de ésta, se llamaba Pacucho, quien le dijo que volviera a llevar a la niña a Chandavila. Así lo hizo, al día siguiente Marcelina volvió a ver a la Virgen y entonces volvieron a hablar con su madre y a partir de ahí ya lo supo todo el pueblo.

Marcelina siguió yendo a Chandavila todos los días, ya que siempre la citaba la Virgen para hablar con ella, unos días a una hora y otros a otra. Su madre le decía que la gente no la creía, que esto era mentira y el cura, que no la creía, le dijo que la próxima vez que viera a la Virgen, le preguntara qué es lo que quería y le pidiera que hiciera un milagro.

El 4 de junio, por la mañana, Marcelina volvió a ver a la Virgen y ésta le pidió que volviera por la tarde, que haría un milagro y Marcelina así lo hizo. Esa tarde se corrió la voz y había más de 3000 personas con ella, entre ellas, el alcalde, la Guardia Civil, médicos, curas, etc., todo el mundo pendiente de Marcelina y de la Virgen.

Cuando se le apareció la Virgen, le dijo a Marcelina que caminase de rodillas hasta ella, tenía que ir desde donde antes estaba el regato (Marcelina pone énfasis en que la Virgen le dice regajo), ahora carretera, hasta el castaño, con todo lleno de piedras, erizos, espinos y terrones resecos. La Virgen le dijo que no se preocupara y le aseguró que, por donde ella fuera andando, iría colocando una alfombra de hierbas y juncos. Marcelina comenzó entonces a andar de rodillas, abriéndose paso entre la multitud y se paró frente al castaño, donde permaneció unos diez minutos arrodillada en éxtasis. Cuando se le pasó el éxtasis, le preguntaron qué había visto y ella dijo que había visto a la Virgen, quien le había pasado la mano por la cara y le había dado un beso en la frente diciéndole “ya tienes el milagro”. Los médicos acudieron a ver a Marcelina cuando salió del éxtasis y vieron que no tenía nada.

Con los años, Marcelina tuvo más encuentros con la Virgen, en algunas ocasiones estuvo acompañada de su maestra, doña Josefa Martín y, en otras, de su amiga Afra.

Dolores

Dolores comenzó a ver las apariciones a los pocos días. La Virgen le había dicho a Marcelina que, junto a Dolores, fueran a Chandavila y allí fueron, acompañadas de todo el pueblo. Cuando estaban viendo la Virgen quedaron extasiadas y fue Dolores quién, de repente, se levantó con las manos pegadas y mirando al cielo empezó a marcar, paso a paso, el contorno exacto en el que iría la futura capilla a la Virgen de Chandavilla. Los informantes de la época aseguran que la huella de sus talones permaneció indeleble en el suelo hasta que los obreros pudieron allanar el terreno para cercar y plantar el actual jardín.

Dolores, tras salir del éxtasis y habiendo marcado el lugar, dijo que había marcado 17 m2 exactos y, como las autoridades no se fiaban, cogieron a un albañil y le pidieron que midiera para ver si era cierto lo que Dolores había dicho y así fue.

Diversos informantes hablan de que lo que marcó Dolores no es dónde está construida la actual ermita, sino que es un jardín que hay vallado arriba en la sierra. La ermita se construyó más abajo porque los albañiles decían que era muy difícil subir todos los materiales a la sierra.

Afra

Afra, en el centro, con sus amigos (Imagen sacada del libro La Codosera, un pueblo con raíces y costumbres rayanas de José Luis Olmo Berrocal)

De forma paralela a todos estos hechos narrados, se produjeron las visiones de Afra Brígido Blanco.

Afra al principio no creía, ni ella ni sus amigas, pero un día, nada más llegar a Chandavila creyó ver entre las nubes algo que parecía una capilla y una silueta con la forma de una cruz, aunque no le dio demasiada importancia. Al día siguiente volvió al mismo lugar a sentarse frente al castaño de las apariciones. Era la misma hora que el día anterior cuando vio salir, de entre las nubes, un objeto oscuro que, al irse acercando, dejaba clara la imagen de la Virgen Dolorosa con el rostro vuelto hacia la derecha. Afra, de la impresión, se desmayó y cuando volvió en sí, muy asustada, corrió hasta su casa.

Posteriormente, volvió a ver la aparición de forma prácticamente idéntica a la vez anterior. Esta vez entró en éxtasis y comenzó a andar de rodillas en dirección a la Virgen, por el regato. La Virgen le dijo que continuara caminando hacia ella, pero levantada y le dijo que siempre estaría a su lado. Le comunicó un secreto, le predijo grandes sufrimientos y al final le mandó un beso para Marcelina, que se encontraba allí junto a Afra, además de pedirle que se persignase. En apariciones posteriores, la Virgen le pidió el rezo del Santo Rosario y la construcción de una ermita en aquel lugar, así como que cantara en la misa solemne del día 4 de septiembre.

Más tarde, en el mes de julio, vísperas de Santiago, Afra estuvo con unas amigas visitando la ermita de Nuestra Señora de la Encarnación en Villar del Rey. Allí estaban Marcelina y Dolores también, ya que la Virgen les manifestó a ambas que fueran a ofrecer misa.

Afra acudió al templo mañana y tarde durante varios días y en una de sus visitas, cuando estaba realizando el Vía Crucis, entró en éxtasis y se desmayó. A raíz de esto, le salieron unas llagas en las manos con una incisión en el centro, otras en el costado y, por último, otras en los pies. Informantes cuentan que las llagas de las manos eran cuadriculadas y que, en Semana Santa, cuando llega jueves y viernes santo, siente como si la estuvieran crucificando.

Chandavila

Como hemos visto anteriormente, las apariciones de Chandavila se comienza a “oficializar” en 1945 pero, setenta y cinco años antes ya se había producido una posible aparición. En junio de 1870, una niña aseguró ver a la Virgen en Valleseco, cerca de Chandavila. Todos los vecinos del pueblo acudieron al lugar, cerca de donde se encuentra ahora el santuario de Chandavila y el párroco que había por entonces, Agustín Rubio Mero, ofició una misa de campaña en el lugar de la presunta aparición.

Tras todas estas apariciones, Marcelina estuvo en un colegio de religiosas de Villafranca de Los Barros para, más tarde, ingresar como religiosa en la Congregación de Hermanitas de la Cruz el 2 de agosto de 1975, en Sevilla. Allí se ha dedicado al cuidado de enfermos, huérfanos, pobres y ancianos, tomando el nombre de Sor María de la Misericordia de la Cruz. También cuentan haberla visto en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz cuando su madre estaba enferma, cuidándola.

Por otro lado, Afra vivió y trabajó en un hospital de Madrid dedicándose a obras de caridad hasta su muerte el 23 de agosto de 2008, con 80 años y tras una larga enfermedad.

La Iglesia nunca se ha pronunciado de forma oficial sobre estos hechos, aunque permitió la construcción del Santuario el 27 de mayo de 1947, día en el que comenzaron las obras. El complejo religioso, denominado Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Chandavila, está compuesto por una pequeña capilla que cubre y encierra el castaño donde se apareció la Virgen y una iglesia de mayores proporciones, presidida por una imagen de Nuestra Señora de los Dolores.

En base a esto, todos los años tiene lugar una peregrinación religiosa muy concurrida el 27 de mayo.

Fuentes:

La Virgen del Soterraño

En Barcarrota se cuenta que a las afueras del pueblo la Virgen se le apareció a un pastor que se encontraba en unos riscos junto a una fuente.

El pastor vio un destello de luz junto a un zarzal y al fijarse bien, se dio cuenta que era la imagen de la Virgen de Soterraño. Al principio creyó que era una muñeca, por lo que la cogió con sus propias manos y se la guardó en el bolsillo para dársela a su hija. Esto no fue posible ya que cuando llegó a su casa, la Virgen había desaparecido y el pastor creyó que la había perdido de camino.

Pasaron unos días y justo en el mismo lugar, el pastor volvió a ver la imagen de la Virgen. Volvió a cogerla y la guardó en su zurrón, cerrando éste para que no se le perdiera de nuevo. Sorprendentemente, la Virgen volvió a desaparecer una vez que el hombre llegó a casa.

Como ya había sucedido dos veces, el pastor no perdió la esperanza y volvió a los riscos esperanzado de volver a encontrarla allí. Una vez pasado el tiempo, mientras estaba remendando una albarca escuchó una voz que decía:

– ¿Qué haces?

El pastor miró y se dio cuenta que esa muñeca tan bonita le estaba hablando.

– Cosiendo una albarca rota ¿Quién eres?

– La Madre de Dios. Y quiero que en este lugar se levante una capilla en mi honor. Y que en recuerdo de este día el pueblo se llame Villanueva de Albarcarrota.

 El pastor incrédulo con lo que estaba sucediendo, contó lo sucedido. A partir de ese momento el pueblo empezó a llamarse Villanueva de Albarcarrota y las gentes del mismo construyeron una capilla y, posteriormente, la iglesia.

Esta leyenda es la más popular y representativa de las leyendas barcarroteñas porque además de ser una leyenda mariana, explica el cambio toponímico de la localidad pasando de ser Villanueva del Víctor a Villanueva de Albarcarrota, que con el paso del tiempo acaba derivando en Barcarrota tal y como se conoce.

Además, también se mezcla con las leyendas naturalistas, en concreto con el viejo culto a las aguas, fuentes, manantiales, ríos y baños.

 

Fuentes: