Los dichos y las frases hechas forman parte de la cultura de los pueblos. En La Codosera hay expresiones propias con señas de identidad, se dice que, en La Codosera:
no dejan las cosas para luego: las quedan para andispués
no se pasa frío: se arricen
no se oxidan las cosas: se arrujentan
no se pesca con cebo: pescan con miñocas biñocas
no se ensucian: se llenan de cascarrias
cuando se estropea algo: se changa
no hacen embutidos: hacen chasina
una cosa no está sosa: está desaboría
no pelan los embutidos: les quitan la pellica
cuando le colocan a otro el muerto: se lo endiñan
no dan golpes: pegan estacasos
no comen judías: comen fradiños
no huele mal: jiede
si alguien se cae de bruces: se pega un josicaso
un granuja: es un malté
un calzonazo: un mangajón
no usan bolsos grandes: llevan morrá
no caen heladas: caen pelúas
no hacen aguadillas: pegan samargullos
no ven mucho humo: ven sorreras
cuando una persona es lista: sabe más que los ratones coloraos
si alguien va despeinado: parecen una carqueja
no se van: transmontan
no se despistan: se quedan medio alelaos
no tienen nombre: todos somos tuuu…
los que son jóvenes: tienen una paveeraaa
no hacen siempre la misma tarea: es un rutina
no gritan: pegan unos berríos de la hostia
no salen a emborracharse: se van de chambras
no se reafirman: dicen, tonseee no? prendaaaa
no se desnudan: se quedan peletes
no hacen el amor: socotrean
una persona no es cotilla: es un joío lambusero
no se atragantan: se añugan
cuando algo está cerca: está arriente
las ventanas no están abiertas: están escancanás
no tienen el estómago pesado: están enrataos
una persona desaliñada: es un farragua
a un holgazán: le llaman gandumba
un columpio: es un blansaero
no se caen al suelo: se dan un canastraso
no dan bofetadas: jarrean gallúas
no comen: llenan la coruja
no dan capones: meten un crujía
no están tiritando: está entenguesíos
no se despeinan: se despelujan
no van mal vestidos: van jecho unfarragua
no dan evasivas: dicen ali/ayas
si se arriman mucho: son unos pegajatos
no molestan a otros: changan la narria
Fuentes:
Olmo Berrocal, Jose Luís (2012). La Codosera, un pueblo con raíces y costumbres rayanas
Fotografía de codoseranos tocando el campanillo aleluyero (Imagen sacada del libro La Codosera, un pueblo con raíces y costumbres rayanas de José Luis Olmo Berrocal)
No hay nada que represente más a La Codosera como el Aleluya. Celebrar el Aleluya no es lo mismo que Correr el Aleluya, como veremos a continuación.
La fiesta ha sufrido su deformación, anteriormente, la Celebración del Aleluya tenía lugar la noche del sábado de Gloria-Domingo de Resurrección, en la que los codoseranos acudían a misa con lo que se conoce como el campanillo aleluyero. Este es el verdadero protagonista de la fiesta ya que lo hay de muchos tipos según su tamaño, sonido, procedencia, antigüedad, etc… Tenemos el caio masho (campanillo macho), la manga, la media manga, el miau, el sucaya, el revolero, la piqueta, los companihlos o chocalhos, las esquiloas o sinetas (campanillas)
Eso sí, para respetar la misa de medianoche, el badajo del campanillo debía permanecer inmovilizado con algún paño o papel para que no hiciera nada de ruido hasta que el cura finalizara la misa, a medianoche, y anunciase la resurrección con el Gloria Aleluya. En ese momento, todos los aleluyeros que habían estado fuera de la iglesia, en la plaza, esperando a que finalizara la misa, irrumpían dentro de la iglesia, avanzando por el pasillo central hasta el altar para invadir el presbiterio y hacer sonar estrepitosamente el campanillo. Tras ello, se retiraban a sus casas hasta el día siguiente cuando, a partir de las 6 de la mañana ya estaba autorizado celebrar el aleluya y se podía ir tocando el campanillo por las calles del pueblo. Este era el orden establecido: resurrección, pascua y aleluya.
En los años 50 llegó al pueblo un cura sevillano, José Martín, al que le habían contado cómo era la fiesta, pero solo de forma general. Quedó encantado y decidió, por su cuenta, que los campanilleros entraran y tocaran los cencerros aquel año, por primera vez, dentro de la parroquia durante la celebración de la misa.
Allí estuvieron los mozos puntuales ese año y en cuánto el cura dijo “¡Que abran las puertas de la calle!” el ruido que se armó era ensordecedor, no se cansaban de tocar con toda la artillería que llevaban encima y el cura no era capaz de manejar la situación. Cuando, finalmente, se cansaron y se fueron, José se prometió a si mismo que esa sería la primera y la última vez que entraban en la parroquia, al menos mientras él estuviera de párroco. Así fue, 40 años tuvieron que pasar para que los campanilleros entraran de nuevo en la iglesia.
Lo contrario a esto era Correr el Aleluya, una deformación de la fiesta procedente de la prohibición de la fiesta en la guerra civil. Consistía en que, la noche de ese mismo sábado, los vecinos del pueblo, sin importar la edad, se echaban a la calle para correr al Aleluya, esto hacía que los municipales, cuando eran la autoridad, y, posteriormente, la Guardia Civil, cuando asumió la seguridad ciudadana, también se echara a la calle, pero para capturar a cualquier aleluyero que se atreviera a romper ese orden de celebración y el silencio de la noche. La noche del sábado de Gloria se convertía en el escenario perfecto para jugar a policías y ladrones.
Esta contraparte comenzaba exactamente igual, con la diferencia de que, una vez finalizada la misa, la norma era que esa noche los aleluyeros se la pasaran huyendo, escondidos por el campo y burlándose de la policía. Los que tuvieran menos suerte, la pasarían en el calabozo hasta que dieran las 6 de la mañana y la fiesta quedara autorizada.
Mientras se corría el Aleluya, era costumbre irrumpir dentro de las viviendas habitadas, se buscaban puertas abiertas por las que; entrar corriendo, pasar al corral, de ahí saltar a la siguiente casa, salir por la puerta delantera y vuelta a repetir. Un lugar fijo de paso era la panadería.
Conociendo esto, a veces, los panaderos les tenían preparada alguna sorpresa. Dejaban las puertas abiertas, hecho que hacía que los aleluyeros se colasen nada más verlas. Entraban por el pasillo de la panadería como miuras y justo cuando ya no había forma de retroceder, los panaderos que habían estado ocultos en mitad del pasillo dejaban caer sacos de harina vacíos, aunque bien impregnados, haciendo que los aleluyeros salieran de la panadería completamente blancos, prácticamente irreconocibles.
Los codoseranos, como ya conocían la tradición, trataban de cerrar y asegurar bien las puertas, otros ponían a salvo y escondían cualquier pertenencia porque sabían que el Aleluya pasaba arrasando con todo lo que encontrara a su paso. A los más descuidados, podían desaparecerle un tablero lleno de bollos de pascua, algo tan típico y exquisito hecho por esas fechas.
Como hemos dicho al principio, la fiesta ha cambiado bastante.
Actualmente, el pueblo sigue saliendo todos los años a celebrar el Aleluya, con sus campanillos, y la madrugada del sábado al domingo de resurrección, a las 12 de la noche, los hacen sonar.
También se hace un recorrido por todo el pueblo, pero no se celebra la misa que tenía lugar antes. Aunque se busca recuperar también esta tradición.
Fuentes:
Uriarte López, Luis María (1994). La Codosera; Cultura de fronteras y fronteras culturales
Olmo Berrocal, Jose Luis (2012). La Codosera; Un Pueblo con Raíces y Costumbres Rayanas
Reunión con el alcalde de La Codosera, Joaquín Tejero Barroso y con el concejal de cultura, Juan Ángel Martínez Vaz
Hace cinco siglos, la población de Cheles (conocida como “Cheles el viejo”), se encontraba en la Dehesa de San Onofre, junto a la Sierra de San Blas y cerca del Río Guadiana, pero cuenta la leyenda que Don Juan Manuel de Villena (tercer Señor de Cheles), decidió trasladar la ubicación de la villa más al sur, cerca del embalse de Alqueva, donde se encuentra actualmente.
El motivo de ser reubicado no queda constatado en ningún documento, pero gracias a la tradición oral, se habla de una plaga de hormigas asesinas, apodadas como “hormigas de fuego” por tener la cabeza roja y cuerpo negro, que asedió la población. Se dice que la aparición de esas hormigas puede deberse a que los cheleros en su día viajaron a hacer las Américas y se las trajeron sin darse cuenta en sus propios fardos. Allí proliferaron hasta hacerse con el pueblo.
Se cuenta que, aproximadamente en el año 15000, una marabunta de hormigas voraces tomó el pueblo, llevándose por su paso toda la vegetación y la madera de las casas. Esto creó pánico en el pueblo, ya que además estos insectos se cebaron especialmente con los niños y el ganado, a quienes llegaban a producirle la muerte a causa de su mordida.
Los padres de las criaturas, según cuentan los más ancianos de Cheles, llegaban a subir a sus hijos en hamacas que colgaban de las encinas intentando protegerlos.
Tras ver que aquello era imposible de erradicar sin hacer más daño del que tenía el pueblo, decidieron prenderle fuego para acabar con el enemigo y cortar por lo sano de una vez por todas.
Una vez que le dieron fuego, se retiraron hacia el río para protegerse de las llamas y ver como el pueblo que había sido su cuna hasta entonces, se hacía cenizas.
Actualmente, los únicos vestigios que quedan del lugar son los restos del castillo, dos ermitas y algunas viviendas.
En el calendario de Barcarrota, el mes abril está marcado en rojo debido a una de sus citas más importantes. Se celebra el Certamen Gastronómico del Cerdo Ibérico, inaugurado por primera vez en el año 2005. Esto significa que ya, siendo 2022, son ya XVII ediciones festejadas.
Cartel del Certamen Gastronómico del Cerdo Ibérico 2022. Fotografía de la página web de dicho Certamen.
La programación de esta feria gastronómica aúna muchas actividades que se llevan a cabo a lo largo de un fin de semana, dando comienzo el viernes con la inauguración por parte del alcalde, quién dedica unas palabras a sus vecinos para animarlos a disfrutar de la feria, de su producto autóctono y darle así la bienvenida que se merece un certamen de esta categoría y trayectoria.
Normalmente, para la primera toma de contacto y tras la inauguración, los barcarroteños disfrutan de una degustación de migas con café. A partir de ahí, durante todo el fin de semana se realizan talleres infantiles, de diferente temática cada año; Concurso Gastronómico de Cocineros Profesionales, el cual solo lleva celebrándose XI ediciones, a pesar del tiempo que hace que se lleva a cabo esta feria; ruta de la tapa, visitas guiadas, degustación de comidas típicas de la tierra (garbanzos, patatas con costillas, gazpachos, ibéricos, etc.) en la que suele colaborar las Asociaciones de Mujeres “Altozano” y “Francisco Sosa” de Barcarrota, actuaciones de baile, Concurso de Gastronomía Popular del Cerdo Ibérico en el que participan diferentes Centros de Mayores de la región, programa de radio (“A cuerpo de Rey”) de Radio Cope Extremadura en directo desde el lugar de celebración, Concurso de la Tapa Ibérica a cargo de asociaciones de la propia localidad, cata de vinos, exhibición de corte de jamón, Jornadas Técnicas del Cerdo Ibérico que llevan celebrándose XII ediciones, concurso de repostería, actuaciones de coro, demostración de casquería, conciertos, animación a cargo de Djs, concurso de cortadores de jamón “Ramón Jaime Merchán” (celebrada XI ediciones), jornadas didácticas y el acto de entrega del Premio “Encina de Plata”.
No cabe duda de que el Certamen Gastronómico del Cerdo Ibérico supone un punto de encuentro para los vecinos de Barcarrota en donde pueden disfrutar de productos típicos de la tierra y pasar un fin de semana en comunidad.
Insignia del Certamen Gastronómico del Cerdo Ibérico (Barcarrota, 2022). Fotografía del Ayuntamiento de Barcarrota.
Cortador de jamón en el Certamen Gastronómico del Cerdo Ibérico de Barcarrota (2022). Fotografía del Ayuntamiento de Barcarrota.
Dentro del gran abanico de romances novelescos que existen y que Bonifacio Gil recogió para dejar plasmados en su libro “Romances Populares de Extremadura: recogidos de la tradición oral”, se ha encontrado el de “El caballero Don Marcos” perteneciente a Almendral:
Yo conocí a una mocita. / Su madre la maldició:
Que siete hijos tuviera, / y todos siete varón.
-No me maldiga usté, madre; / no me maldiga, ¡por Dio!
Déme usté caballo y sable, / que a la guerra me voy yo.
– Tienes el pelo muy largo / para hacer de hembra varón.
– Yo me l’ ocultaré, madre, / dentro de mi morrión.
– Tienes el pecho muy ancho / para hacer de hembra varón.
– Yo me l’ ocultaré, madre, / dentro de mi corazón.
Ha cogido su caballo, /ya la guerra se marchó.
Una tarde, en el paseo, / el gorro se le cayó.
Un infante que allí estaba, / d’ ella fue y s’enamoró,
Y la novia que tenía, / llorando se retiró.
(Estribillo)
– Madrecita de mi alma, / que yo me muero de amó;
El caballero don Carlos / es hembra, que no es varón.
– Convídalo, hija mía (sic), / a comer un día a la mesa,
Que si él fuese mujer, / en lo más bajo se sienta.
Convidó a tres caballeros / un día a comé a la mesa,
Y el caballero don Carlos / en lo más alto se sienta.
(Estribillo)
– Madrecita de mi alma, / que yo me muero de amó;
El caballero don Carlos / es hembra, que no es varón.
– Convídalo, hija mía, / un día a comer manzana,
Que si él fuese mujer, / toditas las despreciara.
Convidó a tres caballeros / un día a comer manzana,
Y el caballero don Carlos / los bolsillos se llenaba.
(Estribillo)
– Madrecita de mi alma, / que yo me muero de amó;
El caballero don Carlos / es hembra, que no es varón.
– Convídalo, hija mía, / a tomar baños un día,
Que si él fuese mujer, / desnudarse no podría.
Convidió a tres caballeros / a tomar baños un día,
Y el caballero don Carlos / desnudarse no quería.
Lo ha cogido de la mano / y a palacio lo llevó;
Lo ha llevado y lo ha peinado / y de seda lo vistió.
– Yo no me llamo don Carlos, / ni tampoco soy varón;
Que me llamo Isabelita, / Isabel me llamo yo,
Y soy la mejor señora/ que pasea por Badajó.
Fuentes:
Gil Muñoz, Carlos. Cancionero Popular de Quintos y Soldados (2002)
Gil García, Bonifacio (1944). Romances Populares de Extremadura: recogidos de la tradición oral; Págs. 54-55.