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Medicina tradicional en Alburquerque

La naturaleza nos ha provisto, siempre, de un sinfín de posibilidades para curar enfermedades mediante el uso de remedios caseros a partir de hierbas, ramas de arbustos e, incluso, las hojas de los árboles. 

En esta publicación vamos a recoger algunos remedios caseros, recogidos por Eugenio López Cano, que se utilizaban con frecuencia, con antigüedad, para combatir diversos males:

Con el aceite

  • Falta de calcio: Se toma una cucharada de cal con aceite de oliva
  • Lombrices: Se aplica en el ano, con una luz y una horquilla del pelo

Procedente de animales

  • Amígdalas: Para tratar la amigdalitis se hace un ungüento de enjundia o grasa de gallina y se unta en un papel de estraza para colocar en la garganta
  • Castración: Se hace un frite de gusanos blancos, conocidos como gallina ciega (en el estiércol húmedo), para cicatrizar la herida de los cerdos castrados
  • Dolor de cabeza: Se coloca la camisa (piel) de una serpiente en el interior del sombrero para quitar los dolores de cabeza 
  • Golondrinos: Se hace una cataplasma de excremento de hurón para tratarlos
  • Hematomas e Inflamaciones infecciosas: Se aplican sanguijuelas en las partes doloridas
  • Heridas infectadas: Se hace una cruz con dos hojas de zarza y se coloca en la huella del animal como remedio para las heridas infectadas de las vacas
  • Hipertensión: Se coloca una sanguijuela detrás de la oreja para remediarla
  • Mejorar el apetito: Se hace un caldo de mochuelo cocido
  • Otitis, resfriada y bronquitis: Se aplicaría leche de burra en el oído para tratar la otitis y bebida en caliente para el resfriado y la bronquitis
  • Picadura de alacrán: 1. Se hace un brebaje mezclando el alacrán en alcohol para tratar las picaduras de éstos. 2. Se introduce un punzón de una lezna (herramienta), impregnada en ajo, en la herida de un animal para tratar su picadura
  • Quemaduras: Se hace una cataplasma de excrementos cocidos de paloma para tratarlas
  • Raquitismo: Se hace un brebaje de crías de perro para tratarlo
  • Rija: Un alacrán introducido en el campanillo que cuelga, taponado a su vez con un corcho, para curar la rija (una fístula que se hace debajo del lagrimal) en el ganado vacuno
  • Sarampión: Se hace un brebaje de boñiga de animal vacuno, seca y cocida, para tratarlo
  • Tragarse un alacrán: Se hace un collar de rama de torvisco para el animal que se tragaba un alacrán

Del barro y otros elementos

  • Bronquitis: Una infusión de chocolate caliente, manteca de cerdo y mucha azúcar
  • Cuerpos extraños en el ojo: Colocar un botón de nácar en el ojo para expulsarlos
  • Dolor de muelas: Un chorro de agua en el oído opuesto al dolor para tratarlo
  • Estreñimiento: Aplicar el fósforo de una cerilla en el ano
  • Falta de apetito: Se hace un batido de huevo, canela y vino de quina
  • Hipo: Tapar los oídos y la nariz, mientras se contiene el aire, para quitarlo. También puede hacerse mientras se contiene un trago de agua.
  • Picadura de avispa: Cataplasma de saliva y tierra en las picaduras para evitar la hinchazón y calmar el dolor
  • Quemaduras: Se aplica barro directamente en las quemaduras para tratarlas y evitar ampollas
  • Reuma: Utilizar una pulsera de cobre
  • Sanguijuelas: Gárgaras de vinagre para eliminar las sanguijuelas alojadas en la garganta

Ceniza

  • Dientes: Se aplica en los dientes como dentífrico
  • Resfriados: Se lavan los pies con agua caliente y ceniza para curar los resfriados y la broquintis

Con frutas

  • Ciruelas y brevas: Se utilizan del tiempo para el estreñimiento
  • Higos pasados: 1. Se hace una infusión con vino caliente para la bronquitis y los resfriados. 2. Se utiliza sobre una muela dolorida para los flemones. 3. Se utiliza leche de un higo bravo para las verrugas. 3. Estreñimiento

Procedente de personas

  • Leche materna: Se aplica en el conducto auditivo para el dolor de oído
  • Orina: Se utiliza sobre la piel estallada

Plantas

  • Adelfa (también llamada Alandro): Se da un buen buche (llenarse los carrillos) de agua cocida con la planta para tratar el dolor de muelas
  • Ajo: Se frota aceite y ajo para los sabañones
  • Angelica: En infusión. 1. Se usa para la hepatitis. 2. Se usa como purgante. 3. Sirve también para expulsar el aire del vientre
  • Ceteraque (también llamada Doradilla): Se hace una infusión de sus hojas y se utiliza para parar hemorragias y para los dolores menstruales
  • Chumbera: Se hace zumo de su hoja, agregándole azúcar, para el dolor de garganta
  • Culantrillo (también llamada Colantrillo): Se hace una infusión de sus hojas para los dolores menstruales y las hemorragias

«Dama descolorida, te he de quitar el dolor

aunque el doble me cueste la doradilla»

  • Embue: Es un tubérculo de regato que se machaca con ajo, sal, vinagre y aceite y se utiliza para las picaduras de alacrán
  • Encina: El musgo de la corteza, disuelto en agua, se utiliza para el sudor de los pies
  • Espadaña (también llamada Bayon): Se hace un ungüento de ceniza y grasa de cerdo para el culebrón (herpes zóster)

Hierbas medicinales (Imagen sacada del libro Naturaleza y Salud en Extremadura de Yolanda Guío Cerezo)

  • Eucalipto: Se hacen vapores de sus hojas para tratar los resfriados, la bronquitis y las fiebres altas. Su semilla, al igual que la de la Calicresta (que es una variedad del Amaranto) se usa para expulsar los objetos extraños del ojo
  • Gordolobo (también llamada Verdelobo): Se hace una pócima, para el hígado, que sirve para eliminar las piedras del riñón. 2. Sirve para evacuar la orina. 3. También se utilizaba como calmante en general
  • Hinojo (también llamado Linojo): Se hace una infusión de sus hojas y se utiliza como calmante, también se le da un uso estomacal
  • Llantén (también llamada Lanten): Se hace una infusión de sus hojas y sirve para el hígado y para facilitar la orina
  • Malva: Se hace una infusión de sus flores que sirve para tratar las hemorroides
  • Manzanilla: Se hace una infusión de flores que sirve para calmar los vómitos y avivar la circulación de la sangre
  • Mimosa púdica (también llamada Sensitiva o Doncella): Se hace una infusión de la raíz para la úlcera de estómago
  • Olivo: Se utiliza un brebaje como calmante para regular la tensión arterial
  • Olla de mono (también llamada Olla): Se hace una infusión de su raíz y se usa para cicatrizar las heridas
  • Pimpinela (también llamada Pepinela): Se hace una infusión de flores para tratar la urticaria
  • Poleo: 1. Se puede utilizar en infusión o en vapores para la circulación sanguínea y los catarros. 2. Se usa únicamente en infusión para las molestias estomacales
  • Quino: Se hace una infusión, llamada quinino, que sirve para bajar la fiebre
  • Retama: Se utiliza un emplaste, masticado, para el dolor de muelas
  • Salvia: Se hace una infusión de sus hojas y de sus tallos jóvenes para curar resfriados, la broquintis y las molestias estomacales 
  • Sanalotodo: De ella se coge una hoja y se aplica en heridas, hemorragias, granos y diviesos
  • Sanguinaria: Se realiza una infusión de sus flores, es astringente y se usa para la urticaria

Vegetales

  • Pepino: 1. Se maceraba en aguardiente para el dolor de estómago. 2. Se utilizaba una rodaja, aplicada en la frente, para el dolor de cabeza

Fuentes:

Medicina tradicional en Olivenza

Antiguamente, la medicina popular estaba en auge debido a la cantidad de cultivos que había, con una gran variedad de plantas que luego eran utilizadas por las personas en sus propios hogares y también en las propias farmacias, que elaboraban muchos medicamentos con ellas. Había personas que incluso las recolectaban para venderlas por las casas y así poder obtener un jornal.

Actualmente se sigue creyendo en este tipo de medicina basada en la naturaleza. La creencia en ella ha hecho que existan a día de hoy muchos herbolarios en donde se puedan adquirir productos curativos con un porcentaje de elaboración del 100% de ingredientes naturales procedentes de plantas y flores. Por este motivo, más que obtenerlas en bruto directamente del campo, se suelen consumir habiéndolas comprado en otros formatos (aceites, gotas, pastillas, en polvo…)

En Olivenza, según Rita Asensio Rodríguez, existe/existía una fuente con manantío en una finca llamada Montearagó. Su agua era curativa para el estómago y el hígado, por lo tanto, eran muchas las personas que acudían con garrafas y también las vendían.

Además de todo esto, en Olivenza como en muchos otros sitios, contaban con personas que tenían el ‘don’ para aliviar o erradicar un dolor, como era el caso de los curanderos y las ‘vedoras’ que solían tener una edad más avanzada y que debido a la experiencia obtenida con los años sabían sanar cualquier afección. Estas personas creían ciegamente en este tipo de curación y, sin querer hacer de competencia a los médicos, nunca cobraban por sus servicios y, en todo caso si lo hacían, pedían la voluntad de los pacientes.

Es importante saber que, al igual que muchas veces se utiliza la planta entera, muchas otras sólo sirven algunas partes de las mismas (raíz, semilla, hoja, fruto, etc.), ya que son las que tienen el poder curativo. También depende la forma en la que se administre y la dosis que se aplique. Por ejemplo, los sombreritos o corroncheles (Umbilicus sp.) si se usan de forma externa sirven para cicatrizar heridas y, si se usan internamente, son diuréticos. Otro claro ejemplo sería el tabaco (Nicotiana tabacum L.) empleado en enjuagues bucales y gargarismos para desprender las sanguijuelas que podían encontrarse en la boca o en la garganta y reteniendo el humo en la boca se consigue un efecto sedante ante el dolor de muelas. En cuanto a las dosis de esta planta, si se toman reducidas, activa el sistema nervioso; sin embargo, si las dosis son elevadas es bastante perjudicial llegando a producir la muerte.

De la misma forma, no siempre tienen el mismo efecto o “virtud”. Dependerá del tipo de suelo, de la humedad o el nivel de insolación, así como la época e incluso la hora en la que se recolecten, ya que la concentración de sus propiedades no será la misma. Esto se confirma en Olivenza ya que para curar los catarros de forma natural había que beber agua del cocimiento de la flor de malva (Malva Sylvestris L.) y la flor de borraja (Borago Officinalis L.) con azúcar, recolectadas ambas después del día de la Ascensión; al igual que para curar la tosferina había que beber agua del cocimiento de romaza (Rumex Crispus L.) siempre y cuando ésta hubiese sido cogida después de celebrar esa misma fiesta.

También se tiene una creencia muy arraigada sobre los efectos positivos o negativos que tienen algunas especies vegetales a las cuales se les atribuyen una simbología sin ningún tipo de razonamiento que su presencia en sí puede producir efectos beneficiosos y también perjudiciales.

En este tipo de medicina, también adquiere un papel importante la superstición y debido a esto la numerología incide a la hora de aplicar los remedios. Los números tres, siete y nueve tienen un mayor protagonismo que el resto, ya sea para elegir el número de tomas o aplicaciones, el número de ingredientes o los días que durará el tratamiento. Además, a esa numerología en muchas ocasiones se le sumaban rituale,s que ayudaban a potenciar los efectos curativos, como el que se hacía en la noche de San Juan con los niños que tenían hernias. Para curárselas, esperaban a que sonaran las doce campanadas del reloj para que un hombre llamado Juan y una mujer llamada María se pasaran de manos al niño a través de una vara de mimbre que, sin arrancar, había sido abierta a la mitad. Mientras hacían esto, decían:

  • Hombre: ¿Qué me traes ahí María?
  • Mujer: Un niño herniado
  • Hombre: Por dios y Santa María el niño será curado

Esto lo repetían tres veces y cuando terminaban, la misma vara de mimbre la ataba con un trozo de lienzo blanco. La señal de que el niño había sido curado era si la vara prendía de nuevo, sin embargo, si se secaba, había que repetir de nuevo el ritual.

Otros ejemplos más concretos en donde se utiliza la  numerología son:

  • Anginas: meter nueve veces el pulgar en la boca del enfermo.
  • Callos en los pies: aplicar ajo machacado sobre el callo y cubrirlo con un vendaje durante tres días. Cuando haya pasado ese tiempo, se quita el vendaje y el callo sale.
  • Constipado: cocer nueve hojas de naranjo y beber el agua durante nueve mañanas seguidas.
  • Dolor de riñones: tomar infusión rompe-piedras en ayunas durante nueve días seguidos.
  • Forúnculos: calentar en una sartén, con aceite de oliva o manteca de cerdo, la tercera piel o capa de una cebolla y colocarla sobre el forúnculo.
  • Torceduras: cocer agua en un puchero. Una vez cocida, se pone un plato sobre la boca del puchero y se le da la vuelta colocando encima unas tijeras abiertas. El oficiante se santigua y recita la siguiente oración mientras cose algo:

«Miembro que te torciste, cuerda que te saliste, vuelve a entrar donde saliste.

Cose que cose, cose María, miembro quebrado, cuerda torcida».

 Si al acabar queda agua en el plato, es porque el miembro está verdaderamente torcido. Habría que repetir la operación tres veces al día y al tercer día se empieza a notar mejoría.

  •  Verrugas: hacer sobre una cáscara de melón tantas cruces como verrugas se padezcan. Posteriormente, hay que tirar la cáscara y, a medida que se vaya secando, irán desapareciendo las verrugas. Para quitar las verrugas, también existe otro remedio, como coger tantas hojas de encina como verrugas se tengan. Se llevan lejos y se entierran en un lugar donde no se vaya a pasar nunca más. Las verrugas irán desapareciendo poco a poco.

Como bien se sabe, existen incontables números de plantas y vegetales, cuyas propiedades naturales ayudan a la curación de algunas afecciones. A continuación, se expone un listado de plantas con el valor que se le atribuye en la medicina popular de Olivenza:

  • Abreojos -Gatuña- (Ononis spinosa): planta antiséptica y cicatrizante. Utilizada para las heridas, lavándolas con agua de haber cocido abreojos y árnica.
  • Ajedrea -Ajedrea- (Satureja): es cardiotónica y activadora de las funciones de hígado y vesícula. Cuando se sufre de insuficiencia cardíaca hay que tomar dos veces al día una taza de infusión preparada con hojas de ajedrea, perifollo, granos de anís estrellado e hinojo. En cuanto a problemas de hígado, hay que tomarse diariamente un vaso de infusión hecha con ajedrea, romero, hinojo, albahaca, alcachofa, perifollo, anís, menta y zumo de limón.
  • Aljabaca de cabra – Albahaquilla (Parietaria judaica): planta diurética. Con problemas como el de la retención de orina va genial beber el agua que se prepara de haber cocido esta planta.
  • Apericol -Hipérico- (Hypericum perforatum): desinfectante y cicatrizante. Planta curativa para las heridas. Se maceran al sol las plantas de apericol en aceite hasta que se oscurezca. Cuando está lista, hay que aplicar ese aceite sobre las heridas.
  • Argamulas -Lengua de buey- (Anchusa azurea Miller): febrífuga y sudorífica. Para el sarampión hay que cocer amapolas, argamulas y chupamieles (Echium vulgare). Se mezcla con aceite de oliva y se bebe.
  • Arnica -Árnica-: (Pulicaria odora): vulneraria y emoliente. Aplicar la parte de la hoja que está en la sombra sobre los forúnculos.
  • Arzoya -Arzoya- (Centaurea castellana): antiséptica y cicatrizante. Sirve para las heridas. Hay que lavarlas con agua de haber cocido arzoya.
  • Borraja -Borrraja- (Borago ofjicinalis): activadora de las funciones de hígado y vesícula. Para los problemas de hígado, se prepara una infusión con alcachofa, anís, albahaca, hinojo, menta, ajedrea, romero y perifollo. Añadirle zumo de limón y tomar un vaso diario.
  • Bufas de lobo -Peo de lobo- (Lycoperdon): antiséptica y cicatrizante. Utilizada para heridas y hemorragias. Se trituran las bufas de lobo y el polvo resultante se pone sobre las heridas.
  • Cagalona -Tártago- (Euphorbia): antidiarréica. Tomar infusión elaborada a base de cocer esta planta cuando se sufre de diarrea.
  • Cagarriña -Tártago- (Euphorbia): antidiarréica. La flor de esta planta, si se cuece y se elabora una infusión con ella, ayuda a terminar con la diarrea.
  • Caldo las zoyas -Cardo Arzoya- (Centaurea castellana): emoliente y cicatrizante. Sirve para las fístulas y las heridas. A esta planta se le quitan las raíces y se cuecen. Después esto se pone encima de las fístulas y/o heridas con una gasa.
  • Cardalloly -Arzoya- (Centaurea castellana): calmante, antiinflamatoria y antidiarréica. Utilizada para las molestias de hígado y la diarrea. El remedio es hervir la planta y beber la infusión.
  • Cardasol -Arzoya- (Centaurea castellana): calmante, antiséptica y cicatrizante. Para el dolor de muelas, se cuece la planta y hay que enjuagarse la boca con esa agua. En su caso, para las heridas, también se cuece la planta pero en este caso hay que lavarlas con esa agua.

Hierbas medicinales (Imagen sacada del libro Naturaleza y Salud en Extremadura de Yolanda Guío Cerezo)

  • Cardensol -Arzoya- (Centaurea castellana): cicatrizante y antiséptica.Lavarse las heridas con el agua de haber cocido el cardensol.
  • Cardiasol -Arzoya- (Centaurea castellana): antiséptico y cicatrizante. Cocer las raíces del cardiasol. El agua resultante, una vez fría, servirá para lavar las heridas.
  • Cardo abroyo -Abrojo- (Centaurea calcitrapa): febrífuga, antinflamatoria y desinfectante. Para las calenturas, hay que elaborar una infusión a base de cardo abroyo y tomársela. Para las molestias en los ojos hay que cocerla también, pero en esta ocasión hay que lavarse los ojos con esa agua.
  • Cardo al sol -Arzoya- (Centaurea castellana): antiséptica y cicatrizante. Se coge la raíz de la planta y se cuece y con el agua se lavan las heridas. Después, para que se curen, también se aplica sobre las mismas un ungüento hecho con hiel de cerdo, yodo y aceite (todo bien batido).
  • Cardo azor -Arzoya- (Centaurea castellana): anticancerígena. Cuando se padece cáncer es bueno beber infusión de cardo azor.
  • Cardo besoya -Arzoya- (Centaurea castellana): cicatrizante. Enjuagarse la boca después de haber cocido esta planta ayuda a cicatrizar las aftas de la boca.
  • Cardo corredor -Cardo corredor- (Eryngium campestre): antiparasitaria, desinfectante e insecticida. Para las coqueras de los animales, hay que ponerle la planta en la pata izquierda cuando la levante y taparla con una piedra. Una vez que el cardo se seque, se caerán los cocos.
  • Cardo de azoya -Arzoya-. (Centaurea castellana): analgésica y antirreumática. Tomar una infusión hecha con las raíces del cardo de arzoya para el reuma.
  • Cardo de liga -Liga- (Atractylis gummifera): emoliente. Para los eczemas y las escoceduras, poner en la cinta del sombrero una ramita de cardo de liga. Cuando se seque, se ambas se curan.
  • Cardo de solla -Arzoya-. (Centaurea castellana): emoliente y cicatrizante. Ayuda a cicatrizar las grietas en los labios, lavándoselos con el agua de haber cocido la raíz del cardo de solla, así como las llagas de la boca enjuagándola dos veces al día con el agua de haberla cocido.
  • Cardo lazolla -Arzoya- (Centaurea castellana): tónico estomacal. Cocer las raíces del cardo lazolla y bebérselo para el dolor de estómago.
  • Cardo lechero -Cardo lechero- (Scolymus maculatus): analgésica y desinfectante. Para las picaduras de alacrán, se refriega sobre ella la raíz del cardo lechero.
  • Cardo sal -Arzoya- (Centaurea castellana): antiséptica y cicatrizante. Planta muy buena para las heridas lavándolas con el agua en el que se han cocido las raíces del cardo sal.
  • Cebadilla -Cebadilla- (Hordeum secalinum): antiparasitaria. Se hierve la cebadilla con agua y jabón verde. La espuma que sale se pone sobre la cabeza que tenga piojos y se tapa con un trapo. Luego se pasa un peine fino para eliminarlos.
  • Cebadita -Cebadilla (Hordeum secalinum): acaricida Para la sarna hay que freir cebadita en aceite y untarse la zona afectada con ella.
  • Celidoña -Celidonia- (Chelidonius majus): sedante fuerte, casi anestésico. Cuando se padece de nervios, tomar diariamente tres tazas de infusión preparada a base de celidoña, aniapola, melisa, espliego y tila.
  • Centauro -Centaura menor-. (Centaurium erythraea): analgésica y febrífuga. Al enfermo de fiebre hay que administrarle una infusión hecha con centauro y perpetua.
  • Charneca -Lentisco- (Pistacia lentiscus): abortiva. Para provocar un aborto, beber infusión hecha con corteza de charneca.
  • Clavito de Santo Antonio -Clavito de San Antonio- (Muscari comosum): tratamientos de las afecciones de la vista. Las cataratas tienen un tratamiento natural lavando los ojos con infusión de clavitos de Santo Antonio y flores de manzanilla.
  • Coclearia -Coclearia- (Cochlearia glastifolia): analgésica y antirreumática. Preparar una infusión con coclearia, milerama, enebro, corazoncillo, ajenjo y diente de león. Tomar una taza en ayunas, otra después de comer y otra después de cenar para el reuma.
  • Corazoncillo -Corazoncillo; Hipérico- (Hypericum tomentosum): antirreumática y analgésica. También sirve para el reuma. Hay que tomar en ayunas, después de comer y después de cenar una infusión de milerama, corazoncillo, diente de león, coclearia, enebro y ajenjo.
  • Corroncheles -Sombreritos- (Umbilicus): antiinflamatoria, antihemorroidal y caústica. Cocer o freir estas plantas y poner encima de las hemorroides. También sirven para los sabañones restregándoles esta planta con un diente de ajo.
  • Cristapalla -Cresta de gallo- (Salvia verbenaca): dolencias en los ojos. Cocer las hojas de esta planta y con esa agua lavar después los ojos que sufran de cataratas o ‘nubes en los ojos’
  • Flor de Alejandría -Flor de Alejandría-. (Paeonia broteri): sudorífica y febrífuga. La flor de Alejandría infusionada y bebida es buena para quien sufre de sarampión.
  • Fumaria -Fumaria- (Fumaria officinalis): tónico digestivo Ante la mala digestión, viene bien tomar después de la comida una infusión preparada con una cucharada de trébol de agua, otra de fumaria y otra de tonnentila.
  • Galapero -Galapero- (Pyrus bourgeana): sedante y tónico cardiaco. La infusión hecha a base de flores de galapero, azahar y tila es buena para los nervios. También la infusión hecha a base de sólo flores de galapero es buena para las enfermedades del corazón.
  • Gallocresta -Gallocresta- (Salvia verbenaca): dolencias de los ojos. Se coge una semilla a esta planta y se pone dos días en remojo. Después, se coloca durante toda la noche en el ojo que sufre de cataratas y a la mañana siguiente se lava bien el ojo con agua.
  • Gallumba -Gayumba- (Spartium junceum): calmante y antiinflamatoriaPara las anginas, preparar cataplasmas muy calientes empapadas en una mezcla de alcohol y flor de gayumba y colocarlas sobre la garganta.
  • Gamonita -Gamonita- (Asphodelus albus): tratamiento de afecciones de la piel, antiséptica, analgésica, desfinfectante y antiinflamatoria. Para el herpes zóster, conocido como culebrilla), se frota sobre él la raíz de gamonita. Para el empije (empeine), aplicar gamonita machacada sobre el mismo y poco a poco se irá secando. Para la picadura de alacrán, se cogen raíces de gamonita, se machacan y se ponen sobre la picadura.
  • Gordolobo -Gordolobo (Verbascum): antihemorroidalHacer baños de asiento con agua en la que se hayan cocido plantas de gordolobo para las hemorroides.
  • Hiel de la tierra -Centaura- (Centaurium erithraea): febrífuga y calmante. Preparar una infusión de perpetua y centauro y dársela de beber al enfermo que tiene fiebre.
  • Hierba adormidera -Adormidera- (Papaver somniferum): sedante e incluso anestésica si se toman elevadas dosis. Tomar infusión para el dolor de muelas elaborado con esta planta, leche, hortigas y hojas de higuera.
  • Hierba de candelita -Arísaro, candilito o dragontea- (Arisarum simorrhinum): vulneraria y emoliente. Para las quemaduras es bueno poner sobre ellas las hojas de esta planta.
  • Hierba de cinco venas -Llantén- (Plantago lanceolata): cicatrizante y emoliente. Es muy buena para las llagas. Se cuece y con esa agua, se enjuaga la boca. Si se trata de llagas en el cuerpo, en este caso se lavarán con un algodón mojado en el agua de haber cocido esa hierba.
  • Hierba de la pica -Rompepiedra o herniaria- (Herniaria cinérea): diurética y antilitiásica. Cocer hierba de la pica y tomar en ayunas esa infusión para los cálculos en el riñón.
  • Hierba de San Juan -Hipérico- (Hipericum perforatum): calmante, antiinflamatoria y vulneraria. Untarse los sabañones con la mezcla de hierba de San Juan y aceite de oliva, habiendo reposado ésta quince días expuesta al sol y a la luna ayuda a que se curen cuanto antes.
  • Higuera del diablo -Ricino- (Ricinus com.munis): antiasmática y bronquiaséptica. Para el asma y la bronquitis, fumar hojas de higuera del diablo.
  • Hipericón -Hipérico- (Hipericum peiforatum): cicatrizante, antiinflamatoria, calmante y vulneraria. Aplicarse aceite de hipericón para las grietas de las manos y los labios, los eczemas y las escoceduras. Para las fístulas, en cambio, hay que aplicar una mezcla de esta planta con aceite de oliva.
  • Maravilla -Maravilla- (Calendula): cicatrizante. Aplicar sobre las grietas de los pechos: Se aplica sobre una crema elaborada con manteca blanca de cerdo o aceite de oliva y maravilla triturada.
  • Milerama -Milengrana- (Herniaria glabra): analgésica y antirreumática. Tomar en ayunas, después de comer y después de cenar, una taza de infusión hecha con milerama, corazoncillo, diente de león, coclearia, enebro y ajenjo. Es bueno para el reuma.
  • Mortera -Mercurial- (Mercurialis annua): antiinflamatoria y analgésica. Para el dolor de muelas, coger tres cogollos de mortera que sean de plantas diferentes. Se cuecen y después hacer buches con el agua resultante.
  • Palo sanguino -Aladierna- (Rhamnus alaternus): anticatarral (expectorante) y antitusígeno. Colocar sobre el pecho cataplasmas de palo sanguino y flor de malva cuando se tenga un catarro. Si es algo más fuerte como una bronquitis, hay que tomar una infusión caliente de poleo, higos pasos y palo sanguino.
  • Pasote -Pazote- (Chenopodium ambrosioides): tónico estomacal. Hacer un cocimiento de pasote y darles el agua para que la beban los animales cuando tengan empacho.
  • Perifollo -Perifollo- (Anthriscus caucalis): tratamiento de molestias de hígado y vesícula. Tomar a diario un vaso de infusión hecha con perifollo, hinojo, ajedrea, anís, romero, albahaca, menta y zumo de limón para los problemas de hígado y vesícula.
  • Periquín -Hipérico- (Hipericum peiforatum): antihemorroidal y antiinflamatoria. Para curar las hemorroides, se prepara el día antes de San Juan una mezcla de periquín, aceite, bálsamo, árnica y alcohol y en la noche de San Juan la persona que las tenga, tendrá que dormir a la interperie y la mazcla que se hace (conocida como óleo de San Juan) se guarda en una botella que está colgada en la calle durante nueve días. Cuando pasen estos días, hay que untar sobre las hemorroides.
  • Perpetua -Perpetua- (Helichrysum stoechas): calmante, febrífuga y antiinflamatoria. Tomar infusión de perpetua y centauro para quitar la fiebre. Sin embargo, con esa misma infusión es bueno hacer gárgaras cuando se tiene anginas.
  • Pica -Rompepiedra- (Herniaria cinérea): febrífuga. Preparar infusión de pica y dársela de beber al enfermo que tiene calenturas.
  • Pimpinela -Pimpinela- (Sanguisorba minor): anticatarral. Es bueno para el catarro una taza caliente de infusión de pimpinela, pasas de higo, miel y limón.
  • Rabo de gato -Rabo de gato- (Trifolium Cherleri): antidiarréica, analgésica, vulneraria y tónico estomacal. El dolor de estómago y la diarrea se quitan bebiendo una infusión preparada con la planta rabo de gato a base de cocerse. El agua de la cocción también sirve para aliviar las quemaduras.
  • Rompepiedra -Rompepiedra o herniaria- (Herniaria cinérea): diurético muy fuerte. Los cálculos renales (cólicos nefríticos) ae alivian tomando infusión elaborada con la cocción de esta planta.
  • Sabonaria -Saponaria- (Saponaria officinalis): tratamiento de caída del cabello. Untarse la cabeza con alcohol de romero antes de acostarse. Por la mañana se lava la cabeza con el agua de haber cocido romero y, por último, se aplica sobre el cuero cabelludo el líquido que resulta de machacar la planta de la sabonaria. Ayuda a reducir la caída del cabello.
  • Sacapeos -Hierba de Santiago- (Senecio jacobaea): laxante. Tomar una taza de infusión de hierba de Santiago en caso de estreñimiento.
  • Salva brava -Escorodonia- (Teucrium scorodonia): sedante y tónico estomacal. En un ataque de nervios, administrar al enfermo una tisana de salva brava. Para quitar el dolor de estómago, hay que beberse un vaso de la infusión elaborada con escorodonia, un poco de hierba luisa y un poco de flor de naranjo.
  • Sanalotó -Sanalotó o lampazo- (Arctium minus): antiinflamatoria, antiséptica y cicatrizante. Se calienta la hoja de la planta sanalotó, se le quita la telilla de fuera y se aplica durante unos días sobre el grano para secarlo.
  • Saneuinaria Sanguinaria (Polygonum): febrífuga. Beber infusión de hojas de sanguinaria para las calenturas
  • Segundo Dios -Hierba luisa- (Lippia): tónico estomacal. Para el dolor de estómago, beber una infusión de esta planta con hierba luisa.
  • Tagarnina -Cardillo- (Scolymus hispanicus): antidiarreica. Coger flores de tagarnina y dejarlas secar. Cuando se tiene diarrea se toma la infusión de las hojas secas.
  • Tetas de vaca -Tetas de vaca- (Scorzonera angustifolia): analgésica. Ante los dolores de parto, tomar una infusión hecha con las raíces de la planta llamada tetas de vaca.
  • Tormentila -Tormentila- (Potentilla erecta): tónico digestivo. Para la mala digestión, tomar después de las comidas una infusión preparada con una cucharada de tormentila, otra de trébol de agua y otra de fumaria.

Fuentes:

  • Paredes Maña, María del Mar; Rubio Muñoz, Luis Alonso (2000). Algunas plantas de uso medicinal en la comarca de Olivenza (Badajoz); Págs. 43-61 https://issuu.com
  • Asensio Rodríguez, Rita (2007). Apuntes para una historia popular de Olivenza. Rita Asensio Rodríguez; Pág. 43.
  • Fotografía de portada: https://asociacionarcera.wordpress.com
  • Guío Cerezo, Yolanda (1992). Naturaleza y Salud en Extremadura

Indumentaria de Olivenza

La indumentaria propia de un lugar es de gran interés ya que es un aspecto bastante importante para entender a cualquier comunidad según su cultura y tradición, así como sobre factores físicos, sociales, económicos, éticos e históricos.

Es un elemento vivo de la estética, de las necesidades materiales y de las formas de vida de cada época.

La indumentaria de Olivenza se caracteriza por su mezcla entre lo español y lo luso y, dentro de lo portugués, la propia mezcla de éste con lo gallego.

En cuanto a la indumentaria propia de esta localidad, ya en el siglo XVI, se hablaba de la fabricación de paños finos de lino y de lana (fieltros, sequería, paños gruesos y “mantas de terra”). Dos siglos después, cobran bastante importancia los telares, cardadoras y obreras de telar, ya que eran necesarios para la agricultura y la ganadería, base de sustento de la sociedad rural. Más tarde, en el siglo XIX, las labores del campo recobraron más auge y esto llevó a que hubiese intercambio comercial y con ello, el aumento de relaciones sociales por lo que las formas de vestir adquieren un papel fundamental.

En Olivenza, como en cualquier sitio, la ropa de las personas dependía de su estatus económico. Aun así, residían muchos artesanos, sastres y también modistas, por lo que los trajes, ya fueran más o menos exquisitos, estaban bien elaborados.

A continuación, se describe la indumentaria masculina para diferentes ocasiones:

  • Ropa de trabajo:

La vestimenta era sencilla, basada en ropa de lana de colores oscuros, aunque con el paso del tiempo se dejó de utilizar la lana para utilizar tejidos de pana.

Utilizaban sombreros amplios, normalmente de color negro, y llevaban camisas sujetas por un solo botón. También predominaban los chalecos de piel de conejo y las bulas de “riscado” (tejido estampado a cuadros o rayas).

Una herencia lusa con la que se cuenta en la indumentaria oliventina es el “capote” con alas hecho con paño grueso con cuello de piel de zorro, utilizado este también para la antigua zamarra y en los zahones de los pastores.

En cuanto al calzado, solían llevar zahones de lana y también de cuero; así como botas altas o de media caña.

  • Ropa de vestir:

Se usaba un pantalón estrecho y un chaleco abotonado con solapas y bordado (a finales del siglo XIX se van perdiendo estos detalles), ambos ribeteados en negro y de paño. Solían ser de color marrón, negro y gris, por lo que la camisa blanca destacaba, además de por el color también por ser anchas, aunque en el puño se estrechaban.

La cintura la llevaba cubierta por una faja negra, aunque para momentos festivos esta podía ser más fina y colorida. El uso de la faja, al enrollarse, pretendía no dejar ninguna parte fuera y de ella pendían uno flecos.

Para completar la vestimenta, utilizaba una corta chaqueta adornada con presillas de cordones y botones; así como unos zapatos o botas y sombreros de ala ancha o corta en paño fino de color negro, marrón o gris.

Chalecos de Olivenza. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional de Extremadura)

Chaleco bordado de Olivenza. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional Extremeña)

La indumentaria femenina también era diferente según la ocasión para la que se utilizase:

  • Ropa de trabajo:

Para las labores del campo, predominaban las faldas oscuras de lana gruesa y largas, acompañadas de medias gruesas a rayas y bastantes coloridas. Pero, para tener mayor libertad de movimiento y estar más resguardadas, solían entrelazarse las faldas hasta formar una especie de pantalón. Ésta práctica dejaron de hacerla cuando se incorporaron a la vestimenta femenina el uso de pantalones, al igual que en la de los hombres.

Además de esto, las mujeres llevaban un pañuelo de lana bastante gruesa con el que cubrían su torso en épocas de temperaturas bastantes bajas y también complementos como los manguitos de tela para la recogida de aceitunas y las matanzas, entre otras actividades.

Mujeres del grupo «La Badana» con trajes de faena. Fotografía de Raíces, el coleccionable del Diario HOY (1995)

  • Ropa de vestir:

La indumentaria de Elvas y otras poblaciones alentejanas fueron de gran inspiración para las mujeres oliventinas.  Solían vestir con faldas largas (aunque van acortándose con el tiempo), de paño, de colores vivos (verde, amarillo y rojo) y con franjas bordadas de lana o picados sobre la bastilla, quedando adornada con multitud de dibujos florales y geométricos. Cabe aclarar que también existía otra variedad de faldas que eran más finas y con estampados más delicados.

Para complementar a esas sayas, las acompañaban a veces con jubones de colores y estampados y otras veces con camisas de puntillas. En muchas ocasiones, también solían utilizar corpiños para resaltar estéticamente parte del tronco y, paradójicamente al mismo tiempo, disfrazar los senos de las miradas.

Como se puede ver, no eran prendas básicas, sino que contaban siempre con estampados y bordados que adornaban incluso los delantales, prenda bastante utilizada en colores blancos y pasteles (excepto para las galas, que se utilizaban en negro) y en la que predominaban las esquinas redondeadas y rematadas con volantes.

Como complemento solían llevar pañuelos de lana adornados con motivos florales, que cruzaban en el pecho uniéndolo detrás de la cintura y, como broche de la vestimenta, un chal y unos pendientes. Este último aderezo variaba según la condición civil de la mujer, ya que cuando estaba casada se ponía los que le regalaba el marido. Entre los pendientes caben destacar los de media luna en oro y plata y también las “arracadas”.

Pañuelo de busto de Olivenza. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional Extremeña)

No hay que olvidar el peinado ya que la mujer solía peinar sus cabellos hacia atrás o con una raya al medio, recogiendo la melena en un moño de rosca o de rosca trenzada y que, para realzarlo, adornaban con una peineta sencilla y baja. Sin embargo, también se utilizaba un moño en la parte alta de la cabeza, conocido como “carrapito”. En ocasiones, ambos tipos de peinados eran adornados por ramilletes de flores y para el recogimiento de las ceremonias, se usaba la mantilla.

En cuanto al estilo galaico-portugués, también influyente en la vestimenta oliventina, predominaba lo siguiente:

Indumentaria masculina

  • Ropa de trabajo:

Los hombres llevaban pantalón holgado de pana surcada, camisa o blusa blanca o gris, chaleco sin solapas, pañuelo de hierbas anudado al cuello o sujeto en la faja, sombrero de paja y, para el pastoreo, zahones y zamarra de piel de cordero o cabra en color marrón, con larga halda en la espaldera.

  • Ropa de vestir:

Caracterizada por trajes oscuros (negros, marrones o grises) compuestos por pantalones largos de estilo pitillo, una chaquetilla corta, una camisa blanca sobre la que se coloca un chaleco tipo “smoking” (en ocasiones bordados) y con sombreros de fieltro negro de copa redondeadas y alas vueltas.

Indumentaria femenina

  • Ropa de trabajo:

Combinaban la falda de paño con medias a rayas con camisa de percal, a pequeños cuadros, de listas finas o lisos en tonos pasteles. Con los mismos colores, una gran sobrefalda que quedaba levantada y enrollada en el delantero, al estilo manchego, dejando ver la falda de paño: y un pañuelo en la cabeza que cubría su cuello y se anudaban debajo de la nuca y sobre el que se ponía el sombrero de paja.

Traje de matancera de Olivenza. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional Extremeña).

  • Ropa de vestir:

Predominan trajes muy vistosos con colores muy vivos, normalmente rojos. La falda es del estilo “miñota”, tejida, dibujando bandas verticales, rematadas en los bajos por una banda horizontal roja, con vivo y aplicaciones florales en negro; camisa blanca de cuello cerrado con puntillas que cubren el cuello, abrochado con cintas rojas; pañuelo portugués rematado con macramé formando una gran red de las que cuelgan largos flecos; medias blanca y gran mandil negro.

Traje de gala de Olivenza. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional Extremeña)

Otra opción era utilizar sayas de paño de colores lisos (rojos, verdes, azules…), adornadas con una cenefa floral bordada en negro y las solían acompañar con una camisa blanca, un pañuelo de flores de colores en el busto o corpiño negro muy escotado y medias blancas un mandil blanco de labores caladas y bordadas con gran fruncido alrededor.

Traje de diario de Olivenza. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional Extremeña)

En ambos casos, en cuanto al peinado, predominan los moños de rosca adornados con flores rojas y, en algunas ocasiones, un pañuelo portugués anudado a la cabeza.

Hay que hacer una mención especial al Traje de Maya, compuesto por una falda blanca bordada en colores suaves y con delicados caldos, un pañuelo de busto tipo portugués de fondo blanco y una corona o diadema floral.

Indumentaria de la Maya. Fotografía de Cuadernos Populares nº58 (Editora Regional Extremeña)

 

Fuentes:

El alunamiento

El sol ha sido, por excelencia, el astro que da vida y, por contraparte, se le ha atribuido a la luna un poder oculto, debido quizás a las diferentes transformaciones que sufre en distintas épocas del año.

Desde la antigüedad, la luna ha jugado un papel importante en la tradición popular, el dicho la luna nos trae, la luna nos llevadeja implícito este pensamiento. Se creía que, en la noche de San Juan, la luna mataba a un moro o a una mora y que, posteriormente, durante la celebración de las fiestas de este santo, tendrían que morir un mozo o una moza, o ambos a la vez.

Podemos encontrar el culto a la luna en cualquier parte, creando en torno a ella una serie de ritos por los cuales los malos designios se transforman en buenos:

“Tres somos de la raya, dos de Alburquerque y la capitanita, de Valdefuentes” (1)

(1) Referido a las brujas que concurrían a los aquelarres de la provincia de Badajoz (D. Bonifacio Gil – Cancionero Popular de Extremadura).

Muchas son las supersticiones que forman parte de la luna. El hecho de dormir con la cara descubierta a la luz de la luna es un presagio de varias enfermedades como la locura, reumatismo o la jaqueca, entre otras.

Se creía que, cuando uno se iba a dormir y la única parte de la casa que estaba abierta era la chimenea, la luna podía entrar por ella. Por ello, en la ceniza que había en el suelo había que hacer una cruz o dejar cruzadas las tenazas y el badil para proteger la casa de su influjo. 

Otra lectura que se hace de la luna es que, dependiendo de su oscuridad, se entiende como señal de lluvia, o cuando ésta lleva cerco, significa que va a escampar.

“Luna nueva y con troná, trenta diah d’inverná”

Algunas supersticiones que hemos encontrado dicen que: 

  • Las embarazadas, a partir del séptimo mes y en luna llena, son propensas a que se les adelante el parto. 
  • La carne que haya sido expuesta a la luz de la luna, termina pudriéndose y llenándose de gusanos. 
  • El carácter de las personas está ligado estrechamente a la luna.

Pero, de todas las supersticiones, la más popular y extendida es la de que uno debía librarse bien de no mirarla, sobre todo en plenilunio y, especialmente, quienes tenían que esquivarla eran los niños. 

A lo largo de esta entrada, analizaremos el fenómeno del alunamiento a través de diversas fuentes, haciendo especial hincapié en el artículo escrito por Eugenio López Cano, fo y Julián Cano Izquierdo, en la revista Saber Popular, en el cual se recogen vivencias y opiniones de diferentes personas de Alburquerque para explicar esta superstición convertida en tradición.

El arrebato de la luna

En Alburquerque cualquier persona puede ser cogida por la luna e, incluso, existe un ritual imprescindible para la curación total de esta enfermedad lunar.

Los síntomas de esta enfermedad son muy variados, aunque se pueden enmarcar en malestar general: desde sentirse mareado hasta estremecerse o estirarse en la cama por tener algo de fiebre.

Hay que distinguir entre estar cogido por la luna y estar muy cogido por la luna, a este último estado se le llama quebranto. La diferencia principal entre ambos estados son los síntomas, si son fiebres altas y demás, sería quebranto.

Los niños son más receptivos al influjo lunar que los adultos, sobre todo cuánto más pequeños sean. Uno de los principales síntomas que suelen afectarles es el estremecimiento. Cuando están malos de la barriga, ya sea por un empacho, cólico u otro motivo, es un estado que se conoce con el nombre de luna entripá. El rezo para curar esta dolencia lo veremos más adelante. 

Los movimientos del astro

Las fases de la luna son muy importantes, ya que se cree que la luna coge a las personas cuando hace el movimiento. Por ejemplo, cuando la luna pasa de nueva a creciente, que es un cuarto, es “cuando una persona siente el quebranto en el cuerpo”. 

Cabría destacar qué cuartos de la luna son los más dañinos, pero se desconoce. Los informantes sí coinciden en que lo peor que te puede pasar es que la luna te coja cuando está llena.

Según un informante, un indicador para saber la maldad de la luna es la posición de sus cuernos y su brillo. Sobre sus cuernos deja constancia el siguiente dicho: 

“Mala viene la luna, trae los cuernos empinaos”

Refiriéndose a que “cuando la luna tiene los cuernos tendidos no te coge ni te hace efecto”. Sobre su brillo tenemos que, cuando la luna brilla, es mucho más perjudicial ya que ella misma nos está diciendo que “no se le puede mirar mucho”.

Los movimientos de la luna tienen relación con el tiempo, de hecho, parece que el agente maléfico en sí es más el tiempo que la fase de la luna. Por ejemplo, en un día nublado puedes notar más el cogimiento de la luna.

Sobre la receptividad de las personas al influjo lunar

Las personas que entienden de la luna parecen ponerse de acuerdo en que hay personas que son más propensas al influjo lunar, pero no coinciden en el por qué. Comentan que puede ser posible debido a su naturaleza pues “quien tiene la naturaleza má recia, le coge menos”.

También hay una creencia de que el influjo lunar depende de la alimentación que se tenga, así pues, es recomendable comer de acuerdo a la fase lunar, sobre todo si la luna está llena.

Tiene relación también con el humor de la persona, dependiendo del humor que tenga se diría que “ehtá de buena o mala luna” cuando ésta goza de buen o mal humor.

Acerca del destino

Del dicho la luna nos trae, la luna nos lleva que se mencionaba al inicio, el autor del artículo comenta diversas convicciones populares relacionadas con el mismo y sobre la idea de la presencia de la luna en el destino del mundo. 

La primera parte del dicho, la luna nos trae, se relaciona con la responsabilidad que tiene la luna en todo acto creador de vida. Eso se ve en distintas opiniones recogidas de los informantes: 

“¿Cuántas lunas estás en el vientre de tu madre?, pues son nueve lunas, entonces tu vienes al mundo con las lunas. Viene el crío a nacer, viene con la luna”

Se hace énfasis en la luna como el centro de todo, llegando a formar parte en la gestación y en la creencia de que, sin su ayuda, no hay nacimiento. 

En la segunda parte del dicho, la luna nos lleva, la donadora de vida se convierte a su vez en donadora de muerte. Ya que la luna puede coger a personas sanas y privarles de su salud. En el artículo, al preguntar a diversos informantes acerca de cómo nos lleva la luna, responden:

“Pues a lo mejor en un movimiento que haga la luna pues es cuando nos morimos, dicen que es así”

“Yo lo tengo visto, solo he visto dos muertos. Si ahora una persona se pone muy grave muy grave, a la salida de la luna o a la recogida […] te pones pa morirte. O te mueres cuando sale la luna o te mueres al ponerse la luna”

Con todas estas citas de informantes se deduce que la luna solo te lleva cuando tu estado de salud es muy deficiente. No hay que ver a la luna como el factor desencadenante de la enfermedad o de la muerte sino como la última causa de esta.

La luna no es la única que maneja el destino, unas veces es responsable ella y otras veces lo es la voluntad divina. Ambas confluyen en los rituales de curación.

La curación

Existen varios rituales para curar las afecciones lunares. Está el ritual de la luna y el ritual del quebranto, ambos son básicamente el mismo, pero diferenciando únicamente la oración principal.

En ambos rituales se empieza con una bendición inicial del agua, contenida en un plato. Esta bendición suele hacerse tres veces y a ella le sigue la oración correspondiente (la de la luna o el quebranto), que también se dice tres veces, tras ella un (o más) Padre Nuestro, un Ave María (o tres) y otra bendición del agua.

Tras todo esto, se echan al plato tres gotas de aceite de oliva. Si estas gotas se esparcen sin dejar rastro, se confirma que la persona estaba cogida por la luna y habría que repetir el ritual. Según algunos informantes habría que repetirlo tres veces más y, según otros, nueve veces. Como se puede ver, los números de las repeticiones siempre son impares.

La estructura general de la oración suele ser siempre la misma, aunque de una persona a otra pueden variar algunas palabras ya que la oración fue enseñada por portugueses debido a la proximidad con el país.

Eugenio López Cano recoge la versión más común de la oración en la revista Alminar Nº51:

«Luna, por aquí pasahte

y la salú de … llevahte

Luna por aquí vilvihte’ j’ a pasá

y la salú de … dejahte».

David Cuño Tarriño recoge, en su Trabajo Fin de Máster, dos formas diferentes de realizar el rezo a la luna gracias a dos informantes. Según la primera informante, antes de realizar el rezo, la persona que lo realiza hace la señal de la cruz sobre la taza tres veces, luego se santigua otras tres veces y pasa a recitar la siguiente oración:

«La luna bendita pasó por aquí

y el cuerpo de (nombre de la persona) se llevó

La luna bendita volverá a pasar

y el cuerpo de ______quedará

y el suyo se llevará»

Tras la oración, la persona que realiza el rezo vuelve a hacer tres cruces en la taza y se santigua otras tres. Después, se unta el dedo en aceite y se echan tres gotas en el agua; si el aceite se esparce por el agua, es que la persona a quien se le reza está cogida por la luna. En caso de que las gotas queden intactas, es que no lo está.

Para que la oración tuviera mayor efecto, esta debía de realizarse en presencia del enfermo. También podría llevarse a cabo estando ausente el mismo, pero entonces era necesario que la persona que fuera a realizar la oración, la hubiera recibido y aprendido de una persona de más edad que el enfermo.

Según la segunda informante, la práctica se realizaría de una forma distinta. Primero se haría la señal de la cruz sobre una taza con agua y después se recitaría lo siguiente:

«Bendigo a _____ de luna, de sol y de quebranto

En el nombre del Padre, del Hijo, 

de la Virgen María y del Espíritu Santo

(3 veces)»

El proceso del agua y del aceite se haría exactamente igual que en el ejemplo de la primera informante.

En el caso de Almendral, recogido en la revista Saber Popular nº12, la oración varía un poco:

«Bendita luna que por aquí pasaste, tu mancha negra dejaste en el corazón de (se dice el nombre de la persona a la que se está curando),

bendita luna volverás a pasar tu mancha negra, me la quedarás y el corazón (se vuelve a decir el nombre del que se está curando) se lo devolverás”

La oración de la luna entripá no es conocida por muchas personas. En la revista Saber Popular nº2 se recoge información acerca del contexto en el que se produce la oración, gracias a un informante:

“La virgen alivie su dolor y quebranto, Gloria al padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. 

Eso na más que pa sobarle la barriga a los niños, eso no es rezarle a la luna tres veces y entonces se está haciendo con el aceite y con el espliego, después eso lo coges, lo fríes y entonces ese aceitino lo tienes frío y cuando la niña la estás vistiendo, pues la dices esa oracioncina. 

Pero eso no la bendecía, eso yo no me ponía en el plato nada para bendecirla”. 

Para algunos informantes, cuando sospechaban estar cogidos por la luna, no siempre hacían el rito completo. Simplemente se rezaban las oraciones para sí. Para otros esto no servía, pues el rito es algo imprescindible para salvarse del influjo de la luna. 

Lo que sí que tienen en común ambos, es que, sin fe, la curación no servía, era algo indispensable y en lo que hacían hincapié:

“Ahora que le digo yo que los mismos, los versos (de San Antonio) que la luna como no se tenga fe no valen pa na, réceme usted la luna y no tiene fé, como si no se le rezaba”

También eran de frecuente uso diversos amuletos para contrarrestar la influencia en los niños. Se recoge referencias de dos amuletos:

  • El primero es un amuleto, de oro o plata, en forma de media luna que llaman luneta y que “detenía mucha fuerza a la luna” cuando los niños eran cogidos por ella. 
  • El segundo es una mano con el puño cerrado y el dedo pulgar hacia arriba, que colgaba del cuello de los adultos y de los recién nacidos, llegando incluso a conservarlos a lo largo de toda su vida. 
  • También, si la familia podía permitírselo, se utilizaba una pulsera de coral mediante la cual se creía que potenciaba el efecto y que sería mucho mayor.

Como hemos podido ver, la luna ha formado parte de las diferentes manifestaciones de la vida de las personas a lo largo de toda la región, llegando incluso a usarse en el cancionero popular.

Fuentes:

La Leyenda de Taniças

Esta leyenda de tesoros debe su nombre a un labrador llamado Felisberto Martins, conocido como Taniças y cuenta que este señor, que trabajaba en los Montes Novos (parte que linda con la pedanía de Santo Domingo de Guzmán), soñó con una anciana. Ésta le dijo que en la Sierra de Alor estaba enterrada una estatua de un rey en oro.

Al día siguiente, Felisberto se encontraba impresionado y aprensivo. Sólo pensaba en el mensaje de aquella anciana y cada noche que se iba a dormir pedía a Dios que el sueño volviera a repetirse para poder hablar con la anciana hechicera, pero estaba tan nervioso que no conseguía conciliar el sueño.

Una noche, con el cansancio acumulado, el sueño lo venció y el sueño volvió a repetirse. Él se dirigió a la anciana y le suplicó que le dijese la forma de desencantar la estatua de oro del rey.

Entonces la anciana, fijando sus ojos en las pupilas del labrador, le dijo:

«La entrada para descubrir este tesoro está en los bajos de la Sierra de Alor, en las cuevas que allí están y que tú bien conoces. Entra y levanta la tierra que te estorbe la entrada. Así que lo hagas, encontrarás un largo corredor, tapado igualmente de tierra; sácala toda y luego verás frente a ti una casa abovedada con agua. Esa es la señal de que estás cerca; si consigues llegar al otro lado de la casa de agua, estarás en posesión de la estatua del rey.»

Y la figura de la anciana se diluyó entre las sombras del sueño.

El labrador quedó ilusionado con aquellas palabras y un día intentó encontrar, entre la variedad de cuevas de la sierra, la verdadera entrada para descubrir el tan ansiado tesoro. Como él solo no pudo hacerlo, contrató a varios trabajadores para así realizar la ardua tarea que llegó a prolongarse durante varios años.

Poco a poco las carretas de tierra fueron aumentando y el dinero del labrador consumiéndose lentamente. Ante la esperanza de encontrarlo y el descubrimiento del corredor tras varias excavaciones, pidió a los trabajadores que no dejasen de cavar hasta encontrar la casa de agua.

El tiempo pasó sin obtener el resultado deseado y Felisberto gastó todos los ahorros que consiguió reunir desde su juventud. Debido a este motivo y a la falta de energía, se vio obligado a tener que abandonar la búsqueda del tesoro.

Según cuenta la leyenda, todo fue descubierto desde el corredor a la casa del agua. Sin embargo, la estatua de oro con la esfigie del rey nunca logró ser hallada.

Unos años más tarde el labrador falleció y la leyenda de Taniças o de la Cova de Moira (como se llama en San Jorge de Alor) persiste y dura entre los campesinos como un desengaño de los sueños, las imágenes y las brujas.

Analizando esta leyenda oliventina, se considera que su origen procede de la existencia de cuevas en la Sierra de Alor y el misterio que existe por lo que puedan encerrar en su interior.

Lo que está claro es que la leyenda de Taniças tiene un claro sentido moralizante ya que nos habla de los sueños, las utopías y la inconsciencia de dejarse llevar por las ilusiones que son meramente imposibles.

Por último, cabe añadir que la esencia que se esconde en la leyenda es el deseo de enriquecimiento o la necesidad de salir de una difícil situación económica que tan extendida estaba en la sociedad en el momento en el que surgen estas leyendas.

 

Fuente:

  • Álvaro Rubio, Joaquín; Pérez Guedejo, José Joaquín (1999). Leyendas, milagros y tradiciones de la Comarca de Olivenza; Pags. 56-58.
  • Fotografía de portada: https://naturalmentebadajoz.com

La Virgen de las Nieves

Olivenza cuenta con la Ermita de la Virgen de las Nieves, situada en un pequeño cerro a unos cinco kilómetros de la población en la dirección que marca la carretera de Alconchel. La festividad de la Virgen de las Nieves se celebra todos los años el día 5 de agosto y muchos turistas se han interrogado cómo hay allí una Virgen con ese nombre siendo Extremadura una tierra de nieves infrecuentes. La respuesta se pudo obtener gracias a Joaquín, el protagonista de esta historia, que pudo contarla para que quedara claro el testimonio de lo que allí aconteció:

Joaquín era un niño de tez morena, cabello rubio, ojos pequeños pero muy vivos y delgado. No tenía aun siete años y se caracterizaba por ser un niño travieso. Su juego favorito era el escondite.

Él, hijo único de Vicenta y Juan, a pesar de ser un niño inquieto, era obediente y también muy sensible.  Los tres, siendo una familia humilde, vivían en el pueblo en una casa pequeña pero limpia y ordenada.

Una tarde de febrero Vicenta y Juan salieron con la compañía de Joaquín a coger espárragos, tradición y costumbre que tenían sus antecesores desde tiempos inmemoriales.

A pesar de los rayos de sol, había un aire desagradable que enfriaba sus cuerpos. Por ello Joaquín llevaba un chaleco rojo y unos pantalones de pana y Vicenta llevaba un pañuelo en la cabeza.

El niño iba pasos por delante de los padres, dando saltitos. Cuando divisó las matas esparragueras que había alrededor del sendero, se entretuvo a jugar con ellas sin darse cuenta de que, en una parte del sendero antes de llegar a una cuesta, sus padres giraron por un camino a la derecha y cada vez estaba más lejos de sus padres.

Vicenta se dio cuenta de que su hijo no estaba con ellos y empezó a llamar a Joaquín. Gritaba cada vez más alto y a su llantina se unió la de Juan, ambos desesperados por encontrar a su hijo. Se encontraban angustiados y no dejaron de buscar campo adentro preguntándose dónde podía estar su pequeño. Sus voces repitiendo “Joaquín” constantemente era lo único que se escuchaba allí, además de su propio eco y el viento que aumentó su velocidad mientras la niebla comenzó a tomar protagonismo a la caída del sol.

Por su parte, Joaquín se había dado cuenta de que estaba realmente solo en ese inmenso campo y comenzó a llorar en silencio mientras soltaba el manojo de espárragos que había logrado coger. La indecisión de no saber hacia dónde ir y el no saber volver a casa, hizo que se sentara en una pequeña roca que había allí cerca, al lado de un cerro poco prominente.

No había pasado mucho tiempo cuando el niño se dio cuenta de un cambio atmosférico. Ya no había viento y una luz que cada vez era más intensa, invadió un punto en lo alto del cerro. Joaquín no entendía nada, por lo que abrió sus ojos y comenzó a escuchar una música celestial y, a pocos pasos de él y entre la luz ya cegadora, apareció una Señora vestida de blanco con un manto azul. Joaquín se quedó atónito, por lo que no podía ni pestañear y abrió la boca con cara de sorpresa mientras oyó que le decía:

– Soy tu madre del cielo.

La voz y las palabras invadieron a Joaquín de ternura y sensibilidad y por ello inmediatamente se arrodilló ante ella. De nuevo la Señora volvió a hablar, esta vez para decirle:

-Ven.

Ante aquella petición y como un sonámbulo, Joaquín se levantó lentamente, atraído por la voz y la figura de la Señora y comenzó a andar hacia ella. Cuando llegó a su lado, la Señora lo protegió con su manto azul mientras lo abrazaba. El niño, que se quedó sin palabras, sentía un gozo infinito y un calor de nido le recorría todo el cuerpo. Su imaginación infantil, le hizo pensar que estaba en el lecho de plumas de Dª Julia, su maestra de escuela y llegó a pensar con alegría si no estaría ya en el cielo.

Bajo el temor de hacer desaparecer la visión, el niño estaba totalmente inmóvil y comenzó a ver como caían espesos y abundantes copos de nieve. Lo más extraordinario de todo es que a él no le tocaban porque tenía la sensación como si alrededor de su cuerpo hubiera un fuego que los derretía, por lo que Joaquín no sentía nada de frío y el calor que emanaba la figura de la Señora, le hizo dormirse profundamente.

Sus padres, Juan y Vicenta, habían sido acogidos en una huerta de los alrededores por las inclemencias del tiempo. Ya en el amanecer, con las primeras luces del nuevo día, salieron a buscarlo, pero ya no tenían ni fuerzas para gritar su nombre. Con pasos cansados, llegaron a un sitio desde donde se divisaba el cerro en donde el niño había sido testigo de la aparición. Juan logró ver una mancha roja que destacaba de los campos y dijo:

– ¡Es él, es su chaleco rojo! ¡Es Joaquín!

El tono de su voz ya era otro, como de haber resucitado. Ambos fueron corriendo al lugar y encontraron a Joaquín dormido con la cabeza apoyada entre los brazos y su semblante era tan sereno que parecía un ángel. Éste despertó ante la emoción de sus padres por haberlo encontrado y le hicieron miles de preguntas, pero el niño sólo sabía decirles:

– Vi una Señora que me tapó con su manto y me dormí. No tuve frío, de verdad, no tuve frío.

La madre lo cogió en sus brazos, creyendo que estaba delirando y dijo:

– Mira que caliente está. Juan ¿tendrá fiebre? Habrá estado soñando.

El padre lo llevó encima de sus hombros y comenzaron el camino de vuelta al pueblo. De vez en cuando el niño volvía la mirada hacia el cerro de la aparición.

Cuando llegaron al pueblo, las campanas repicaban por la misa que iba a celebrarse. El pueblo estaba sobrecogido porque la estatua de la Virgen no se encontraba en el altar de la iglesia de San Francisco.  Nadie sabía cómo había sucedido, pero la desaparición fue confirmada por el párroco.

Fue al día siguiente cuando una aldeana que venía al pueblo una vez a la semana para hacer la compra, se encontró la estatua de la Virgen desaparecida justamente en el sitio donde Joaquín había sido encontrado y recogido por sus padres.

La leyenda de la Virgen de las Nieves, al igual que otras de una índole parecida, representa la protección de la Virgen hacia todo el pueblo devoto, a sus hijos creyentes.

Junto a su manto protector, esta leyenda también aporta la justificación de la existencia de un santuario-ermita y la extensión de un culto devocional a la imagen de la Virgen.

Además, la Virgen de las Nieves se encuentra dentro de ese grupo categorizado como “damas blancas”, siendo considerada como un símbolo religioso de algunas poblaciones extremeñas y como un ser relacionado con la pureza.

04. Abril. Comunicado anv copia

Nota informativa sobre la aparición de la Virgen de las Nieves (1954). Fotografía del Museo Etnográfico Extremeño González Santana de Olivenza.

Fuentes:

  • La Virgen de las Nieves de Olivenza. Leyendas de Extremadura, 2018 http://www.leyendasextremadura.es
  • La Virgen de las Nieves. Museo de Olivenza https://museodeolivenza.com
  • Martos Núñez, Eloy (1995). Álbum de cuentos y leyendas tradicionas de Extremadura (Volumen I); Págs. 213-215 https://issuu.com
  • Álvaro Rubio, Joaquín; Pérez Guedejo, José Joaquín (1999). Leyendas, milagros y tradiciones de la Comarca de Olivenza; Pags. 39- 45.
  • López Rodríguez, Pedro Manuel. Introducción a la Mitología Extremeña. Un estado de la cuestión; Pág. 282
  • Fotografía de portada: https://www.facebook.com