Romance recogido por Bonifacio Gil en Romances Populares de Extremadura: recogidos de la tradición oral: Una tarde salí al campo con mi caballo trotón. M´encontré con dos madamas qu´eran más rubias qu´el sol. Las agarré de la mano y las llevé al paradó. Pregunté si había cena me dijeron: -- Sí, señó. Pregunté qué cena había: -- dos gallinas y un capón: Gallinas pa las madamas y el capón para el señó. Pregunté si había pan. Me dijeron: …
Curioso romance al parecer compuesto por un tonadillero de Badajoz. Se trata de un itinerario de la provincia de Badajoz hasta entrar en Huelva. Consta de 66 versos en los que se contienen nombres de veinticinco pueblos de Extremadura y cuatro de fuera de la región. Fue descubierta por Luis Romero Espinosa y publicada fragmentariamente en la revista Folklore Frexnense (1883). En la publicación Dictados Tópicos de Extremadura de Antonio Rodríguez-Moñino se logró una redacción más completa. Atención que ya comienza la tonada de la rambla, en Almendralejo trigo,…
Cuento tomado de Cuentos extremeños de animales de Juan Rodríguez Pastor. Una vez era una cabrita, que iba por un carámbano, y se rompió una patita. Y dijo: –Carámbano, ¿tan fuerte eres que me has roto la patita? –Más fuerte es el sol que a mí me derrite. –Sol, ¿tan fuerte eres que derrites al carámbano, y el carámbano me ha roto la patita? –Más fuerte es el nublado, que a mí me tapa. –Nublado, ¿tan fuerte eres que tapas al sol y el sol derrite al carámbano y el carámbano me ha roto la patita? –Más fuerte es el aire que a mí me lleva. –Aire, ¿tan fuerte eres que llevas al nublado y el nublado tapa al sol y el sol derrite al carámbano y el carámbano me ha roto la patita? –…
Cuento tomado de Arte verbal urbano: Apoximación etnográfica a los cuentos populares extremeños en la ciudad de Badajoz de Pedro Montero: Esto era una vez una cabrita que tenía siete cabritillos. Y se iba todos los días a trabajar al campo. Y quedaba los siete cabritillos en casa, y fechao por si venía en lobo. Y un día dijo la madre: -No le abráis la puerta a nadie hasta que no veáis que soy yo, que traigo las patitas blancas. Porque el lobo ya sabéis que las tiene negras. -No, madre. -Asín, que ya sabéis, que me voy a trabajá. Con que se va la madre al campo y quedó los siete cabritillos en casa. Y viene el lobo, pega, y dice: -¡Abrid, hijas mías, que soy vuestra mad…
Texto tomado de la publicación Los cuentos populares extremeños en la escuela de Pedro Montero: Érase una vez un barquero que se dedicaba a llevar personas de una orilla a otra del río. Cierto día se presentó una señorita para que la trasladara a la otra orilla. Y no teniendo dinero con que pagar, le dijo al barquero: — Si me pasa usted a la otra orilla, le digo las tres verdades del barquero. Se montaron y en la mitad del trayecto dijo la primera: — Que zapato malo, malo, malo más vale en pie que en la mano. Más adelante, la segunda: — Que pan duro, duro, duro, más vale poco que ninguno. — ¿Y la tercera?, preguntó el barquero al llegar a la otra orilla. — Que si a todos …
Cuento tomado de la publicación Los cuentos populares extremeños en la escuela de Pedro Montero: Cuentan de una madre que tenía un hijo tonto. Un día le dice: — Hijo, nos vamos a ir a los lavaderos, a lavar la ropa. Cogieron el camino y se fueron a los lavaderos. Cuando iban por la mitad del camino, la madre recordó que se le había olvidado cerrar la puerta. Conque va y le dice a su hijo: — Hijo, vuelve a casa, cierra bien la puerta y tráete la llave. Al poco rato la madre lo ve venir con una puerta a cuestas. Y va y le dice: — Pero, hijo, si te dije que echaras la llave a la puerta y te trajeras la llave, no la puerta. El hijo va y le contesta: — Madre, si yo te entendí …
Cuento muy popular a nivel extremeño, tomado de la publicación Los cuentos populares extremeños en la escuela de Pedro Montero: Esto era una vez un niño mu chiquinino, mu chiquinino, que se llamaba Garbancito, como un garbanzo de chico. A la madre le daba mucho miedo de que saliera a la calle porque podían pisarle de lo chiquitajo que era. Cuando salía a los recaos, siempre iba cantando. Así no le pisaban. Conque un día le dice la madre: — Hijo, me vas a ir a por dos centimitos de azafrán. — Sí, madre. — Pero ten cuidao, hijo, que no te pisen. — …
Cuento tomado de la publicación Los cuentos populares extremeños en la escuela de Pedro Montero. En los tiempos en los que los animales hablaban, vivía una cucarachita, la cucarachita Martín, que era muy limpia y tenía su casa como los chorros del oro. Un buen día, limpiando la puerta de su casita vio una cosa que brillaba en el suelo. — ¿Qué será?, se preguntó intrigada la cucarachita. Se agacha para cogerla y dice: — ¡Ah, pero si es un centimito! ¿Qué me compraré? Después de pensarlo un rato, dice: — Me compraré un delantal... ¡Ah, eso no! Eso no me compraré. Venga otra vez a pensar y dice: — Me voy a comparar un caramelo... ¡Ah, no, que es golosina! Y venga darle vuelt…
Este cuento ha sido recopilado de la publicación Los cuentos populares extremeños en la escuela de Pedro Montero. Esto era una vez un Rey que tenía tres hijos. Y uno de ellos se le murió. El Rey va y les dice a los dos que le quedaban: — Hijos míos, vais a ir al campo y me vais a buscar la flor de la lilá. Quien la encuentre, será la Corona para él. — Sí, padre, mañana nos levantamos temprano y vamos a buscarla. Así lo hicieron y después de mucho andar, andar, llegaron a una encrucijada. El mayor va y le dice al chico: — Mira, tú te vas a ir por ese caminito y yo me voy a ir por…
Algunos lustros posteriores a la conquista del Reino Moro de Badajoz, el monarca cristiano comenzó a notar que no marchaban las cosas muy acordes por estas tierras extremas. Dos poderosos clanes: Los Bejaranos—de ascendencia castellano-leonesa—y los Portugaleses—de estirpe lusa--, se enzarzaban a menudo en cotidianas querellas por cuestiones de las tierras que a ambos les fueron dadas. El rey Sancho IV no contó con el tacto suficiente para buscar una solución diplomática a tan acuciante problema, cuando una embajada de los Bejaranos se lo planteó en toda su crudeza. Se limitó a aconsejar que puesto que las tierras fueron ocupadas por la fuerza de las armas, por tal fuerza fueron r…
















